San Martín de Porres, el Santo de los “más humildes”

Deja un comentario

el santo de los más humildes

*San Martín de Porres, el Santo de los “más humildes”

En 1587, Martín de Porres vivía en Lima, Perú. A los ocho años, no era lo que hoy llamaríamos un niño común. A esa edad ya se estaba preparando para ser peluquero y barbero, lo que en su mundo también significaba aprender a ser cirujano, farmacéutico y médico. Pero había algo más que lo caracterizaba: le encantaba rezar. Isabel García, dueña de casa donde vivía Martín, abría sigilosamente la puerta del dormitorio del muchacho en la noche y lo veía arrodillado frente a un crucifijo con el rostro bañado en lágrimas.

¿A qué se debe que una persona sea tan devota a Dios a tan tem­prana edad? Algunos de los factores que podemos apreciar en la vida de Martín nos dan una clave para encon­trar una respuesta sorprendente. Nos muestran que, en las matemáticas del Reino de Dios, incluso un gran “factor negativo” puede transformarse en un enorme “factor positivo”.

Padre desconocido. El “fac­tor negativo” más grande y lo que probablemente más influyó de la vida de Martín fue el haber cre­cido siendo rechazado por su padre. Juan de Porres era un soldado espa­ñol que nunca se casó con la madre de Martín, una ex esclava africana. Se negó a reconocerlo porque el niño era mulato, tenía la piel oscura como su madre. De hecho, en el certificado de bautismo figura el padre de Martín como “desconocido”. Es cierto que el padre pagó para que su hijo fuera a la escuela durante un año, pero final­mente abandonó el lugar y dejó a su hijo en una completa pobreza con su madre y su hermana.

Sin duda Martín pudo haber guar­dado profundos resentimientos por este abandono; pero según parece, prefirió recurrir a Dios, que no rechaza a nadie. También le entregó su corazón a Jesús, el mismo que una vez había exclamado: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Y al arro­dillarse ante el crucifijo, Martín sentía que en su interior crecía el deseo de tender la mano a otras personas que estaban en situación similar a la suya: los necesitados, los oprimidos y los “más humildes” de este mundo (Mateo 25,40).

Martín se identificaba con los indí­genas nativos, que vivían como pueblo conquistado, avasallados por los espa­ñoles que habían conquistado el Perú en 1533; se identificaba con los escla­vos africanos que cumplían trabajo forzado en las minas de oro y plata; se identificaba con todos los de san­gre mestiza de su ciudad, aquellos que pensaban que no pertenecían a nadie. El corazón de Martín se compadecía de los menos privilegiados en tal grado que, cuando salía a realizar manda­dos, con frecuencia el dinero que su madre le daba para comprar algo lo repartía entre los mendigos y regre­saba a casa con las manos vacías. “No puedo ignorar a los pobres” se discul­paba. Y después de haber aprendido a ser barbero-cirujano, no cobraba nada por su trabajo, ni siquiera cuando su prestigio como sanador empezó a pro­pagarse por la ciudad.

Al cumplir los 15 años, Martín ingresó al monasterio dominico del Santo Rosario en Lima, no como sacerdote ni como hermano, sino como donado laico. Jamás pensó en pedir algo más, solamente quería ser­vir. Aunque tampoco habría sido útil, puesto que su única opción era la de ser un sirviente laico, ya que la orden no permitía que ningún postulante de origen africano o indígena hiciera profesión de votos ni fuera ordenado. Pero nueve años más tarde, los supe­riores dominicos, impresionados por la vida ejemplar de Martín, no sólo lo invitaron a hacer votos como hermano religioso, sino que insistieron en ello.

Smp

Ayudante del Médico divino. Las estatuas o estampas de San Martín suelen mostrarlo con una escoba en la mano. Es cierto que comenzó rea­lizando las tareas más humildes del monasterio, como barrer el piso y lim­piar los baños, pero sus otros talentos también fueron reconocidos sin demora: se convirtió en el barbero de la comunidad y, lo que era más impor­tante, su asistente médico. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a compartir la responsabilidad de la atención médica de casi 300 domini­cos, más las hermanas de un convento cercano y todos los obreros que traba­jaban en los terrenos del monasterio.

Con semejante carga de tra­bajo, Martín pudo haberse sentido exhausto con toda razón, pero su energía y su compasión no disminu­yeron. Había cultivado una fructífera vida interior a través de la adoración de la Sagrada Eucaristía y su oración constante era lo que lo sustentaba.

Sus hermanos decían que siempre parecía estar alegre y que bastaba con mirarlo para que los afligidos o atribu­lados se calmaran.

Pero Martín no se limitó al irradiar la paz de Cristo a los angustiados. Su don de curación fue mucho más efi­caz que cualquier medicina. Una vez, para tratar a un hombre que tenía una herida que le había envenenado la sangre, le puso polvo de romero en la parte infectada y le hizo la señal de la cruz. A la mañana siguiente, la herida se había cerrado. En otra oca­sión, un fraile moribundo le tomó la mano a Martín y se la puso en el lugar que más le dolía e inmediatamente se alivió. También, según parece, era capaz de llegar junto a sus pacientes tanto dentro como fuera del monaste­rio, en cualquier lugar y en cualquier momento en que lo necesitaran. Varias personas enfermas afirmaron que Martín había aparecido junto a su cama justo cuando habían rezado

Pero con lo asombrosos que eran estos milagros, el más grande de todos era el propio Martín. Su acti­tud de caridad y sacrificio se ganaba el favor de cuantos lo conocían, tanto como cualquiera de las maravillas que realizaba. Hacía lo que fuera necesa­rio para los enfermos, como quedarse junto a su cama toda la noche y no dormir, sino sólo cuando podía.

Pero esta heroica caridad de Martín le causó problemas, ya que la gente se agolpaba a las puertas del monasterio para visitarlo. Sus hermanos domi­nicos no estaban nada contentos y le ponían muchas objeciones, sobre todo cuando empezó a traer enfer­mos a su propia celda. Uno de los hermanos se quejó de que las sábanas de Martín despedían mal olor y que probablemente él estaba propagando la infección, pero Martín replicaba: “Con jabón y agua se pueden lavar las sábanas, pero sólo la penitencia puede quitar la mancha de las palabras poco caritativas.”

Finalmente, el prior le ordenó que dejara de usar su celda como enfer­mería. Martín obedeció e hizo otros arreglos, salvo en un caso en que un indígena necesitaba atención inmediata. Cuando le pidieron expli­caciones, Martín declaró: “Tuve que ver qué era más importante: la obe­diencia o la caridad, y decidí que la caridad era más importante.” Lo dijo con tanta convicción y humildad que el prior le respondió que, si era así, que usara su propio juicio.

misionero de la misericordia

Misiones de misericordia. Martín se preocupaba de atender a los pobres de tantas maneras que muchas veces se le ha considerado el fundador de la profesión de asistente social de nues­tros días. Sin duda su trabajo era un ejemplo del verdadero espíritu de la obra social cristiana: reconocer la dig­nidad de cada persona y atenderla de la misma manera como Jesús la atendería.

Martín era el encargado de dis­tribuir las limosnas del monasterio, por lo cual iba frecuentemente a la ciudad a ver a los necesitados y ofre­cerles misericordia. Cada día reunía la comida sobrante del monasterio y se las llevaba a cientos de pobres y al hacerlo rezaba: ¡Que Dios lo multipli­que por su infinita misericordia!” Y la comida nunca se acababa, por muy grande que fuera el gentío.

Cargando una canasta llena de alimentos y medicinas, Martín visi­taba los hospitales, las cárceles, los hogares de familias, las chozas de los indígenas y los esclavos y tam­bién las residencias de los soldados y de las familias de clase alta que pasaban por dificultades. La gene­rosidad de Martín no era restringida ni mezquina, porque no sólo daba las limosnas, también las pedía. Se estima que los bienes de primera necesidad que repartía a los pobres cada semana llegaban al equivalente a unos 2.000 dólares, suma enorme en aquellos días.

Pero Martín también empren­dió proyectos mucho más grandes, como por ejemplo la construcción de un orfanato para los niños aban­donados de Lima. Ni la Iglesia ni el gobierno quisieron ayudarle a cos­tear las obras, por lo que Martín fue a visitar a los acomodados y reunió dinero suficiente para cons­truir el edificio y contratar maestros. Igualmente, haciendo campañas para reunir fondos llegó a construir hos­pitales, enseñaba a cultivar la tierra a los jóvenes, entregaba dinero para la dote a las novias necesitadas y plan­taba huertos frutales para familias pobres.

La caridad de Martín era tal que se extendía también a los animales, de una manera que hacía recordar a San Francisco de Asís. Una vez calmó a un perro furioso aconsejándole que “aprendiera a ser bueno, porque los bravucones terminan mal.” En otra ocasión, cuando hubo una plaga de ratones en la enfermería, con una suave orden de Martín —y la promesa de que tendrían comida diaria— los roedores desaparecieron. ¡Incluso consiguió que un perro, un gato y un ratón comieran del mismo plato!

San Martín de Porres y Jesús

Ser como Jesús. Martín vivía en una sociedad en que el prejuicio racial era flagrante y, debido al color de su piel, solía ser una de las vícti­mas: primero lo fue de su padre, e incluso de sus hermanos dominicos. Algunos de ellos incluso lo llamaban “perro mulato”. Si el insulto hubiera sido para otra persona, sin duda Martín la habría defendido, pero cuando le llegaba a él mismo solía responder: “No has dicho nada más que la verdad. Por favor, perdona a este miserable pecador.”

Algunos dirían que Martín tenía una mala imagen de sí mismo o que tal vez era demasiado santo para dejar que le molestaran los insultos, pero lo más probable es que estaba dispuesto a soportar cualquier insulto porque realmente estaba convencido de su propia condición de pecador y de su absoluta dependencia de la mise­ricordia de Dios. Y cada una de esas ocasiones era una oportunidad más para crecer en santidad, respondiendo de buena manera y derrochando bon-dad frente a quienes lo trataban en forma abusiva. Esta conducta fue suficiente para que un hermano expe­rimentara una importante conversión: se dio cuenta de que realmente el necio era él, no Martín.

Martín de Porres falleció en 1639, aclamado ya como santo en toda la ciudad de Lima y alrededores. Como era de esperar, estaba rezando el Credo de Nicea y sus últimas palabras fueron la afirmación de la encarnación de Cristo: “y se hizo hombre.”

No es exageración alguna decir que el propio Señor cobró vida en la persona de Martín de Porres, y no es ningún secreto decir que Jesús quiere transformarnos a nosotros, los fie­les de hoy, para que nuestra propia vida también sea testimonio vivo de su amor y su misericordia. ¿Estamos dispuestos a dejar que Él actúe en nosotros? ¿Le entregamos a Dios nuestros defectos y virtudes y lo bus­camos de todo corazón? •

Por Bob French

*Bob French vive en Alexandria, Virginia. Esta reseña biográfica estuvo basada en otras biografías, entre ellas las tituladas Martín de Porres: “Un santo de las Américas”, por el padre Brian J. Pierce, OP, y “Martín de Porres, Apóstol de la Caridad”, por Giuliana Cavallini.

Fuente del texto: la-palabra.com

La caridad universal de Fray Martín

Deja un comentario

caridad universal

Su demostración de caridad ha traspasado los límites del tiempo y del espacio.

En el concepto de Fray Martín el tiempo era un artículo de lujo. Para él significaba momentos preciosos en los cuales podía ejercer la caridad en múltiples formas. Es de admirar la diversidad de sus obras de caridad, su constante trabajo, y el éxito sorprendente que conquistaban sus humildes esfuerzos. El éxito de su apostolado entre los pobres puede atribuirse en gran parte a que, por inspiración del Todopoderoso, se daba por entero de todo corazón a toda obra de caridad de que tuviera noticia. La vida de Martín es la contestación, por demás convincente, a aquellos que arguyen que no se dedican a realizar obras de misericordia espirituales y corporales porque carecen tiempo suficiente para ello. Martín desde luego, era absolutamente desprendido; nunca se tomó a si mismo en consideración cuando de hacer algún bien se trataba. La miseria en cualquier forma constituía para él una llamada urgente a su compasivo corazón. Su corazón ardía en una sed insaciable para mitigar el dolor; y no argüía, como haríamos muchos de nosotros, que estaba sobrecargado de trabajo y que sus responsabilidades religiosas y múltiples deberes le impedían en absoluto ejercer la caridad. Por el contrario, aprovecha con avidez toda oportunidad, todas las ocasiones que se le presentaban, para mostrar su honda compasión por los que sufrían y padecían necesidad. Sabía que la caridad tocaría el corazón de estas pobres criaturas, que cualquier bondad que se tuviera con ellos produciría sus frutos para la salvación de sus almas. De ahí la prodigalidad de su caridad: por eso a veces nos sentimos sorprendidos por el interés de Martín en las criaturas más bajas de la creación. Pero esto es fácil de comprender si en ello vemos un desbordamiento, una superabundancia, un celo imponderable que no conoce fronteras. Al igual que San Francisco de Asís, estaba Martín consciente de que todas las criaturas, no importa lo bajas o despreciables que fueran, tenían su razón de ser en el plan de la creación. A menos que comprendamos esto, el Beato Martín de Porres se nos presentará a los que leamos su vida como un enigma. Quizás también tuviera el Beato Martín lo que Chesterton pudiera llamar una comprensión del humorismo divino. Algunos podrán sorprenderse de ver los cuadros en que aparece el Beato Martín cuidando de perros y gatos y ratas y ratones, pero eso no es más que una muestra de la bondad de su carácter. Es un símbolo demostrativo del interés ilimitado de Fray Martín por todas las criaturas de Dios -una demostración de caridad que, como hemos de ver más adelante, parece haber traspasado los límites del tiempo y del espacio-…

Caridad universal

Ángel de la Paz llamaban al Beato Martín porque había restablecido la paz en otros hogares además del de su hermana. Para ello se valía de medios característicos de él: daba de su propia caridad a los que carecían de esta virtud. El alma de Martín era todo serenidad celestial. Su misión era diseminar la paz del alma y del corazón que proviene de una sumisión absoluta a la voluntad de Dios: esa paz que está por encima de todo conocimiento mundano.

No es fácil comprender el cariño que sentía Martín por los animales domésticos. Uno de sus grabados nos lo presenta dando de comer a perros y gatos en el mismo plato sin que se pelearan, y hasta consiguió que un perro, un gato y un ratón comieran de la misma escudilla. Esta sencilla escena es símbolo de la magnitud de la bondad del Beato Martín. Revela al observador comprensivo lo profunda y sencilla que ha debido ser la inmensa caridad que movía su noble corazón hacia los seres humanos y sus almas inmortales. Repartía Martín su tesoro entre sus prójimos, dando de comer al hambriento, de beber al sediento, mitigando penas, consolando aflicciones, alumbrando tinieblas. Dios hizo de él la fuente bienhechora de la cual manaban la gracia y la misericordia que a todos alcanzaba. Sus superiores, sus Hermanos, sus amigos, los enfermos y los pobres, los niños sin hogar: todos recibían los favores que repartía este mulato de tan noble corazón como si manaran de un inagotable manantial.

Y así lo contemplamos, espíritu y esencia de humildad, movido siempre a compasión hasta por los seres más viles de la creación, obtener los más señalados favores y alcanzar las gracias más íntimas y privilegiadas de los más gloriosos y bienaventurados escogidos del Señor en el Cielo. ¡En verdad que es Martín ejemplo vivo, hecho realidad, de la promesa de Cristo: “el que se humilla será ensalzado”!.

Extracto del capítulo 4 del libro “Conozca a Fray Martín de Porres. Breve historia de su vida” (1951). – P. Norbert Georges, O.P

San Juan Macías: Un millón de almas salvadas

Deja un comentario

estampa de San Juan Macías

No se limitaba la caridad de Fray Juan Macías a socorrer a sus hermanos, sino que se extendía de modo especial a las almas del purgatorio.

Un millón de almas salvadas

Fue la maravillosa conquista que hizo San Juan Macías, O.P. con el rezo del Santo Rosario. Desde sus más tiernos años consagró su vida al amor y al servicio de María. Se propuso rezar todos los días el rosario entero, dedicando una de sus partes por las almas del Purgatorio.

Cuando más tarde, entra en la Orden de Predicadores, no deja de rezar el Santo Rosario. Lo rezaba y meditaba con tal frecuencia y piedad, que supera toda ponderación.

Punto menos que imposible nos resultaría querer calcular  los frutos que para sí y para los demás, en especial las almas del Purgatorio, cosechó su perseverante piedad en la práctica de la devoción preferida por la Madre de Dios.

Acostumbraba pasar las noches orando ante el altar del Santísimo Sacramento y el de la Madre del Rosario.

Una de estas noches se le aparecieron, según cuenta él, una multitud de almas del Purgatorio, haciéndole presente la gran necesidad que ellas tenían de sus oraciones.

El Beato se comprometió a socorrerlas con el rezo del Santo Rosario; y fue tan grande el fruto, que, al narrar su vida por mandato de sus superiores, declaró que habría librado del Purgatorio, un millón cuatrocientas mil almas.

R. Fr. Lucas, O.P.

Convento PP. Dominicos – Granada

San Juan Macías

San Juan Macías, querido hijo de Santo Domingo y el bastión del Santo Rosario. Sacrificando tu vida para el alivio de las almas que sufren en el Purgatorio. Las tradiciones dicen que trucaste para millones de almas a través de tus oraciones y buenas obras. San Juan, ofrece tus oraciones ahora con Nuestra Madre Santísima a Nuestro Señor Jesucristo para que se apiade de las Benditas Almas. Amén.

3 Avemarías

≈ ≈ ≈

Festividad de San Juan Macías, el gran amigo de Fray Martín

San Martín de Porres y la Bienaventurada Virgen María

Deja un comentario

smp y la virgen 1

Querido Martín: intercede para que María nos ayude a descubrir la raíz de nuestras debilidades y pecados que nos hacen estar lejos de su Hijo y del prójimo, y que, con su fuerza, nos ayude a convertirnos en buenos hijos de Dios. Pídele a la Virgen para que asista misericordiosamente a los hombres y mujeres que no tienen nada, que sufren o están en agonía. Asimismo, para que nos enseñe a compartir y saber llegar a los más necesitados.

San Martín de Porres era devotísimo de la Virgen María a la que rezaba continuamente: realizaba peticiones y ofrendas que Ella, agradecida y sensible a los dones recibidos, depositaba en su inmenso e inmaculado corazón. Su humildad, como ejercicio mismo de la virtud de la pobreza y la ternura, también agradaba mucho a María.

smp y la virgen

Honraba a la Madre de Dios con las mejores flores que simbolizaban su amor por ella, la pureza y la dulzura de todo aquel que la contempla y le reza.

San Martín de Porres fue una persona de mente abierta y de espíritu amplio y libre, aprendido de su familiaridad y sus frecuentes confidencias con la Virgen, que siempre le escucha. Hablaba con ella y de ella con tal fervor y devoción que conmovía los corazones de quienes lo oían. Con su rosario en la mano y a los pies de la Virgen pedía el auxilio de la que es Madre, Abogada y Consuelo de los que padecen. A través del rezo del Santo Rosario que le ofrecía diariamente, los ruegos se convertían en auténticas bendiciones y custodia para los afligidos. En este sentido, San Martín confió sus inquietudes y afanes a la Virgen del Rosario; además, vivió y transmitió tiernamente el Rosario como herencia y compromiso.

Fray Martín, prodigio en la devoción a María, tenía un gran corazón para amarla y servirla infinitamente. Siempre anduvo en el verdadero amor, que ni cansa ni se cansa. Y hasta el último momento se entrega a la Virgen para descansar en ella, la que es Santa María del Reposo y Madre de Misericordia de todos sus hijos, que como premio triunfal a lo que fue su vida se le aparece para asistirlo a bien morir.

San Martín de Porres y la Virgen María

Oración a la Santísima Virgen María

Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén

                                       ♥

Con especial cariño a la Virgen María, devotosdefraymartin.wordpress.com

Fray Martín, intercede por todos nosotros

Deja un comentario

smp rezando

Querido San Martín de Porres: cuentas con la ayuda de Dios, la presencia cercana de la Santísima Virgen y con el cariño y las oraciones de tus devotos.

Sustento de los desvalidos, consolador de los desdichados, limosnero de los mendigos, remedio para los enfermos, abrigo para los huérfanos, compasivo con los animales, consejero prudente para cualquier afán, magnánimo y sincero, laborioso y afable, indulgente con todos e implacable consigo mismo, pobre y humilde, alegre y callado, taumaturgo asombroso refractario a cualquier asomo de vanidad, enamorado de Dios y del prójimo, consultor de magnates y prelados”…

José María Alegre, O.P.

Fray Martín: Reza e intercede por todos nosotros ante nuestro Señor Jesucristo, para que seamos dignos de alcanzar su gracia divina.

Vida de Fray Martín de Porres (contada por su escoba)

Deja un comentario

escoba

Una preciosa historia sobre la vida de San Martín contada por su escoba. Una historia bien narrada, con un realismo extraordinario que hace evocar aquellos tiempos gloriosos en que el Santo mulato vivía en el Convento limeño del Rosario:

“Quizás te extrañes de nuestro intento, amigo que me escuchas, contar la historia de una escoba. Qué cosa tan vulgar. Pero es que nuestra escoba no es cómo las que tú conoces; se trata de una escoba especial, de una escoba qué quizá algún día llegue a ser la patrona de las escobas, de los cepillos y hasta de las aspiradoras. Se trata, nada menos, que de la que fue compañera inseparable de un humilde santo limeño. El instrumento que Dios puso en unas manos morenas para pintar de blanco un alma angelical…se trata de la escoba de Fray Martín de Porres.

Y aquí tenemos a nuestra escoba recostada, en compañía de sus hermanas, en un rincón de la tienda de Francisco. No sabría decir cuanto tiempo estuvo dormida. Pero, de pronto se despertó, sintiendo sobre sí un peso que la oprimía; eran sus compañeras, las escobas y los escobones, que se habrían caído sobre ella….Cuando quise darme cuenta estábamos en lo alto de la torre, qué bonita era Lima iluminada por las primeras luces del día. La ciudad todavía no se había despertado, y Fray Martín tocaba el Ángelus para que el primer pensamiento de los limeños fuera para la Santísima Virgen. Aquella fue la primera vez que Fray Martín conmovió mi corazón de escoba; de rodillas, Fray Martín tocaba las campanas con sus ojos clavados en el cielo mientras murmuraba algo que no entendí bien: el ángel del Señor anunció a María”

Enlace para escuchar y/o descargar el audio: “Vida de Fray Martín de Porres” AQUÍ (Ivoox)

Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres

Deja un comentario

Sta.Rosa de Lima y S. Martín de Porres

Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres (Fr. Félix Hérnandez, O.P.)

Yo conocí y traté a Fray Martín. Mi declaración en el proceso apostólico la tenéis en el folio 671 del V cuaderno y está en el archivo arzobispal de Lima. Pero voy a ahorraros el esfuerzo de investigarlo. Entre las cosas que declaré, figura esto que es lo que os interesa: “…Y ALGUNAS VECES SOLÍA ESTAR DE CONVERSACIÓN DE ESPÍRITU CON SANTA ROSA DE SANTA MARÍA, A QUIEN LLAMABA “LA ROSITA”, Y EN ESTOS SANTOS COLOQUIOS Y CELESTIALES PLÁTICAS LOS VIÓ FRAY BLAS MARTÍNEZ, QUE YA ES DIFUNTO, RELIGIOSO SACRISTÁN DE AQUEL TIEMPO, A QUIEN ESTE TESTIGO SE LO OYÓ DECIR EN MUCHAS OCASIONES”. También Fray Francisco del Arco lo dijo: “EN OCASIONES, ELLA VENÍA A LA PUERTA DE LA SACRISTÍA A CONSULTAR AL BEATO SOBRE ASUNTOS ESPIRITUALES”.

Fray Martín había nacido siete años antes que Rosa Flores de Oliva, que este era su nombre de Pila. Cuando Rosa recibió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo, Fray Martín llevaba ya doce años en el convento del Rosario. Como sabéis, Rosa murió a los 31 años, el 24 de agosto de 1617, Fray Martín contaba con 38.

A los 12 años, Rosa va a vivir a Quive, un pueblecito distante unos 60 km. de Lima, donde su padre había sido designado administrador de unas obras públicas. Cuatro años permanece allí. A los 16, pues, retorna a Lima con su familia y comienza su acercamiento a la iglesia de los dominicos. Progresivamente, estos contactos se acentúan. Sabemos de, al menos, siete dominicos confesores y directores espirituales que trataron con ella.

Pero quien, al alba, tocaba las campanas y abría las puertas de la iglesia era Fray Martín. Rosa era una madrugadora inalcanzable a quien Fray Martín encontraba cada mañana apenas entreabría las puertas del templo. Ambos vivían ensimismados en idénticos pensamientos y la presencia de Dios les mantenía en recogimiento permanente. “Buenos días nos dé Dios” era el saludo que intercambian sin perder la comunicación con Él. Cada uno seguía su camino que coincidía en el altar, en el sagrario, a los pies de la Virgen del Rosario…El encuentro, prácticamente diario a lo largo de quince años, consolidó el conocimiento mutuo y el trato fraternal.

Santa Rosa y San Martín

Por los “santos coloquios y celestiales pláticas” de que hablo en mi declaración, la joven Rosa se ha percatado de que Fray Martín era mucho Fray Martín. Ella, deseosa de profundizar en los misterios de Dios en su alma, preguntaba y respondía sobre las realidades y experiencias de su espíritu. Fray Martín, a su vez, comprobaba sus propias vivencias con las discretas sugerencias de Rosa. De esta manera, acoplando pequeños datos, breves anécdotas, Fray Martín configuró la imagen de aquella joven. No sabía que admirar más: si su fortaleza ante el dolor que la tuvo cercada continuamente, si su amor al silencio y al retiro de su vida o aquella plenitud y elevación mística que, en tan pocos años, había alcanzado. Fray Martín, en su ilimitada humildad, se sentía torpe y pecador cuando escuchaba las confidencias de Rosa sobre sus experiencias sobrenaturales o sobre las mortificaciones que infligía a su cuerpo. Por su parte, Rosa se sentía diminuta e insignificante ante aquel gigante espiritual que desbordaba sabiduría interior y caridad en sus palabras y en su mismo porte exterior.

Rosa le hablaría, cómo no, de su especialísima devoción a Santa Catalina de Siena y de la certeza -que en ella era carisma profético- de que, algún día no lejano, se fundaría en Lima un convento de monjas dominicas.

Apenas terminada la misa, Rosa salía presurosa hacia su casa, lugar preferido para el recogimiento y para el trabajo. Había aprendido a coser y a bordar con tanto primor que este quehacer supuso una importante ayuda en la modesta economía del hogar. Su madre la llamaba “mi linda costurerita”.

Aquella tarde, víspera de Navidad, Fray Martín preparó el altar del Rosario donde las ocho primeras seguidoras de Rosa recibirían el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo.

Más triste fue, sin duda, el día 24 de agosto de 1617. La iglesia y el convento del Rosario fueron invadidos piadosamente por una muchedumbre de limeños que acudían a despedir a Rosa de Santa María. Fray Martín no se imaginaba que, años más tarde, ambos coincidirían también en la misma iglesia y en el mismo altar.

Fray Francisco de Santa Fe

Del almanaque 2014 del Secretariado de San Martín de Porres, Palencia.

Rosa de Lima

Oración a Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de Lima, amada santa de mi alma, tú me has inspirado una confianza segurísima en que por tu poderosa intercesión me veré librado de los males que me afligen y salvado del abismo insondable de mis miserias. Conozco cuán indigno soy de presentarme ante ti, purísima criatura, yo que soy el más miserable y pecador de los hombres, pero es justamente la constante bondad y misericordia que tuviste para con los más necesitados la que me mueve a refugiarme en ti y en tu poderosa intercesión. Sé que no seré defraudado, sea yo siempre tu devoto predilecto. Amén.

≈ ≈ ≈

Festividad de Santa Rosa de Lima, O.P.

Himno y Novena a Santa Rosa de Lima

Deja un comentario

Santa Rosa de Lima

Cuando, Señor, en quieta lotananza

se encienden los fulgores de este día,

no dejes avivar nuestra esperanza,

atiende al corazón que en ti confía.

 ♥

Van a pasar por manos laboriosas

los granos de un rosario de ilusiones,

acógelas, Señor, que son hermosas,

amor y don de nuestros corazones.

 ♥

Mujer llena de Dios, Oh Santa Rosa,

vivir para el Señor, para el Amado,

fue el ansia de tu amor, gracia divina,

llevada de su fuerza y de su mano.

 ♥

No olvides los que vamos de camino

siguiendo en el desierto de tus pisadas,

aboga ante el Señor favor divino,

seguir como seguiste sus llamadas.

 ♥

Proclamen nuestros labios la grandeza

del Padre que en el Hijo nos dio gozo,

y, siendo nuestra herencia la pobreza,

nos colma de su amor el fuego Santo.

Amén.

Santa Rosa de Lima y el Niño Jesús

Gloriosa Santa Rosa de Lima, tú que supiste lo que es amar a Jesús con un corazón tan fino y generoso, enséñanos tus grandes virtudes para que, siguiendo tu ejemplo, podamos gozar de tu protección en la tierra y de tu compañía en el cielo. Amén.

Novena a Santa Rosa de Lima

Los Dominicos en Candelaria (Tenerife)

Deja un comentario

Basilica de la Candelaria

Basílica de Nuestra Señora de Candelaria (Candelaria, Tenerife)

*Los Dominicos en la “casa de la Virgen” del Archipiélago

Desde el 1530, los Dominicos son los guardianes y capellanes de la Virgen Morena. Y han estado hasta el presente. Así también, a ellos se les confiaron otros muchos Santuarios Marianos de la península: La Virgen de la Peña de Francia (Salamanca), Nuestra Señora de Montesclaros y Nuestra Señora de las Caldas (dos santuarios de Santander), Santa María de Nieva (Segovia), Nuestra Señora de Atocha (antigua Patrona de Madrid), Nuestra Señora del Rosario (Patrona en Almería, Cádiz, La Coruña).

Por eso, con toda justicia se puede llamar a los Dominicos, como en los primeros años del origen de su Orden: “Los frailes de María”.

Desde todos estos santuarios, y otros muchos por Europa, y no digamos por América, han proyectado la gran devoción entre los fieles del rezo diario del Rosario. Así también hicieron los Dominicos andaluces, a quienes se les confió este Santuario de Canarias.

Virgen de Candelaria y los guanches

La imagen en la playa

La venerada imagen fue encontrada por los guanches -raza aborigen de las islas- en la Plaza de Chimisay, los primitivos pobladores la llevaron a la cueva del mencey Acaymo -rey del menceyato del Güimar por tierras de Chinguare. Esto ocurría al terminar el siglo XIV (también tuvo el nombre de Acaimo el primer mencey de Güímar, según el historiador Fray Alonso de Espinosa)

La cueva de San Blas

Pasado un tiempo, un guanche cristianizado, Antón de Guimay, eligió la gruta de Achbinico para conservar la imagen y rendirle culto. Esa cueva es conocida hoy con el nombre de Gruta de San Blas, y en ella se ha edificado una pequeña ermita, que es visitada frecuentemente con gran cantidad de devotos.

Aseguran los ancianos que el agua obtenida después de guisar las piedras de esa cueva cura radicalmente el mal de garganta.

Fue esa cueva de San Blas el primer centro católico de Tenerife. Allí recibieron las aguas bautismales los primeros guanches convertidos al cristianismo y sus restos están sepultados bajo el piso de la gruta.

Candelaria

El pueblo de Candelaria, situado en la zona Sureste de Tenerife, es un pueblo transido de historias y leyendas piadosas. Es el foco más intenso de fervor, y por esta razón el Obispo de la Diócesis ha dedicado sus desvelos a construir un “estuche digno de la joya”.

La gente que lo habita es noble y abierta, de natural bondadoso. Hay pescadores y agricultores. El caserío es blanco y contrasta con la arena de la playa, que casi besa los cimientos de la nueva Basílica.

Candelaria ha conquistado el título de “siempre abnegada y piadosa Villa”.

Lugar del Santuario

Se encuentra a 27 kilómetros de Santa Cruz de Tenerife. Cerca del Santuario se halla la primitiva iglesia de San Blas (su fiesta el 3 de febrero) a donde cada año es llevada la imagen de la Virgen, porque según la leyenda, allí reposan los restos de los primeros guanches convertidos que le rindieron culto.

Por ello, puede decirse, que Tenerife antes fue tierra de María Santísima que de España, pues la Virgen de Candelaria se adelantó a la corona de Castilla a posesionarse de Tenerife, que fue la última isla del archipiélago incorporada a la Corona de España.

Algunos meses más tarde de haber pasado por allí Colón, que admiró el Teide sin duda, en una mañana clara de mayo de 1493, el Adelantado don Alonso Fernández de Lugo desembarca en un desértica playa de Tenerife, en la que clavó la “Cruz de la Conquista”, dando después nombre a la capital “Santa Cruz”, construida en este mismo lugar.

Preparando el terreno a la recepción de la Cruz, se había adelantado la Virgen de la Candelaria, como su principal “misionera” de la Cruz.

Su Santuario

Hasta el año 1526 la milagrosa imagen fue conservada en el Santuario, que construyó el adelantado don Pedro Fernández de Lugo. El convento anejo fue edificado en el año 1803, puesto que el primitivo fue devorado por un devastador incendio.

La Imagen

La primitiva imagen despareció en 1826, a causa de un terrible aluvión que rompió algunas paredes del templo donde estaba guardada. La que los canarios veneran actualmente se debe a la gubia del escultor Fernando Estévez y fue ejecutada en el año 1827.

Virgen de Candelaria

Milagros

En lo que respecta a los milagros que se atribuyen a la sagrada imagen, nos citaron como más notables los que siguen:

1 – Una niña perdida en el monte al regresar al pueblo fue llevada por su madre junto a la Virgen. Al verla la pequeña, que sólo tenía ocho años, aseguró que aquella mujer la abrigaba durante la noche que pasó perdida en la montaña.

2 – Una joven, cierto día fue a visitar a la Virgen, que, tanto a su madre como sus amigas, le habían pintado como “una imagen preciosa”. Pero al penetrar en el convento dijo en alta voz: “¿A ver esta virgen que parece una vieja piojosa me has traído?”. La joven sintió que su cuerpo se cubría de piojos, y aunque le cortaron la cabellera, nada pudo hacerse por que cesara su tortura. Por intercesión de la venerada imagen, y a ruegos de sus familiares, la joven curó al fin.

3 – En cierta ocasión, un hombre se negó a cumplir una promesa, pese a los ruegos de su mujer. Hizo burlas de la imagen, pero acabó de rodillas ante ella. Como fulminado, cayó hacia atrás, y poco después, el médico del pueblo, don José LLarena, certificaba su defunción. Fue instalado en una dependencia del convento y allí permaneció unas horas, antes de que la Virgen fuese llevada en procesión a la Cueva de San Blas. En el mismo momento en que la imagen pasaba frente a la dependencia en que se había instalado la capilla ardiente, el presunto cadáver volvió en sí y exclamó, a grandes gritos: “La Virgen me ha resucitado”.

4 – Un ciego que marchaba de noche por unos senderos peligrosos perdió el pie y cayó al abismo con el nombre de la Virgen en los labios. Un árbol detuvo su marcha y en él quedó preso hasta la mañana siguiente, en que lo rescataron algunos lugareños.5 – Entre los numerosos exvotos que hay en una de las paredes del convento dominicano está el pequeño ataúd dorado. Representa la promesa de una madre que pidió a la Virgen que resucitara a su único hijo, muerto unos minutos antes de que la madre elevara la angustiada y fervorosa oración.

Patrona

La designación de Nuestra Señora de la Candelaria como Patrona principal de las dos diócesis del archipiélago canario fue efectuada por el Papa Pío IX con fecha del 12 de diciembre de 1867.

Su imagen, después de cambios en la historia, guarda todavía numerosas joyas enviadas por los tinerfeños emigrados, principalmente en América.

El Himno

El himno popular de la Virgen, obra del canónigo M.I. Sr. D. Manuel Díaz Pacheco, dice así en su Coro:

“Salve, salve, Virgen Morenita,

dulce Madre de divino amor,

clara estrella de esperanza nuestra,

luz que irradia el eterno sol.”

La Virgen, que el mar trajo y que el mar se llevó, que estaba sin estuche de Ella digno, ya lo tiene. La Fe, el Obispo de Tenerife, sus capellanes los Dominicos y el pueblo, lo han conseguido.

Nueva Basílica

La Basílica que acaba de consagrarse es obra del arquitecto Marrero Regalado. El solar donde está emplazado el templo forma parte de una zona arenosa y el firme se encuentra a relativa profundidad.

Las maderas que se han utilizado en las obras de carpintería son totalmente oriundas de los bosques insulares. Fueron doradas y estofadas conforme a los métodos empleados en el siglo XVIII.

En el nuevo templo se reproduce la planta basilical latina, y el cuerpo de la iglesia adopta la forma de un paralelogramo de tres naves: una, central, de gran amplitud, y dos laterales. La Basílica tiene dos pórticos, que dan a la fachada principal y al crucero.

Los murales, del pintor isleño Don José Aguiar, situados en el presbiterio, ocupan una superficie total de 12×10 metros. La técnica empleada es la encáustica, con el fin de preservar la pintura de la acción del salitre, que viene de la muy cercana playa.

En la zona alta de la composición pictórica se representa una alegoría de la Glorificación, con el Espíritu Santo. En la zona central se completa esta alegoría con la interpretación de los arcángeles. En la zona baja está el mundo terrenal, y las figuras orantes del Obispo, los Dominicos y los devotos.

Solemnísima Consagración de la Candelaria

El día 2 de Febrero de este año (1959) ha sido consagrada la nueva Basílica que ha levantado el pueblo canario de las dos diócesis a su Patrona, la Virgen de la Candelaria. Lo hizo Monseñor Antoniutti, Nuncio Apostólico en España, ante una gran muchedumbre enfervorizada de canarios, y las más altas representaciones del Archipiélago y de la Península.

Con este motivo la Santa Sede ha conferido a este Santuario Mariano, el título de “Basílica”. Se calcula que los fieles en la procesión de la venerada imagen eran unos 50.000 devotos, y las palomas que se soltaron en su recorrido, como imagen de las tórtolas entregadas en el Templo por San José como rescate del Niño Jesús, fueron unas 4.ooo.

El nuevo templo produce una sensación extraordinaria de majestuosidad y belleza; y junto a él, está edificado el convento de los PP. Dominicos que atienden desde hace cuatro siglos este Santuario Mariano.

*R. Gárnez, O.P. (de la revista Cruzada Misionera, Abril de 1959)

≈ ≈ ≈

Basílica Nuestra Señora de Candelaria

San Martín de Porres, siempre ternura y bondad

Deja un comentario

Smp bondadoso

Las almas puras reciben la inspiración de Dios, que irradia en ellas calor y luz verdadera; nos muestran el bien y la paz, invitándonos a vivir en santidad. La pureza de Fray Martín, de su alma, se muestra en la calidad de sus actos. Dándonos, con su ejemplo, la fuerza de amor necesaria para una entrega generosa, especialmente hacia los más débiles y pequeños de la sociedad. 

Que nuestro Martín, te llene de su espíritu, de su sencillez, de su ternura y bondad, y junto con el que era un hombre de oración profunda, oremos para construir entre todos un mundo mas justo donde reine la Paz y el Amor entre los hombres. Como la luz de esa vela que Martín tenía siempre encendida, ayudémosle a conservar la buena lumbre que ilumine los corazones de las personas que viven en oscuridad.

Fue como rayo de luz que regresa

con su rostro oscuro sin premura;

fue como la noche que se espesa,

fue todo amor, luz en clausura.

Fue risa de amor que no confiesa,

sus lágrimas un mar de levadura,

su rostro no levanta de la mesa

y su piel, como la noche oscura.

Fue muy querido por los pobres,

por los enfermos, el más amado

y de los frailes fue hermano.

Fue lo que fue con sus amores,

entre los BUENOS mil veces BUENO,

entre los SANTOS mil veces SANTO.

Older Entries

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 30 seguidores