San Martín de Porres: Un creador de la amistad

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creador de amistad

Fray Martín es amor y lo expresó al hacerse amigo de cuantos no tenían méritos ante Él, enfermos, pobres, pecadores. El amor, por sus manos, llegaba a los necesitados. Porque una de las cualidades de la amistad está en la confianza.

La amistad es un don precioso, es el vínculo para compartir los sentimientos más íntimos, inquietudes y proyectos. El Espíritu Santo descubrió a San Martín la amistad de Jesús. Se sabía amado sin merecerlo, ni tenía precio para agradecerlo. De esta manifestación amistosa gozaba en todo momento. Sencillamente, Jesús era su amigo, su confidente, su compañero…Es verdad que, el trato frecuente y confiado, afianza la amistad. San Martín llegó a la conclusión de que sólo se puede llegar a la amistad con Cristo si lo amas y te dejas, amar como Él quiere. Tenía, por experiencia, que Dios le amaba mucho más de lo que él leía en los libros, lo aprendía directamente de Jesús.

En una canción se manifestaba el deseo de tener un millón de amigos. San Martín rebasó la cifra con creces. Ha sembrado la geografía de millones de amigos que lo visitan diariamente y llevan en  la cartera el distintivo de su amistad, la escobita depositaria de tantos secretos y confidencias. Con seguridad que el Santo sigue ejerciendo de amigo ante el rostro de Dios, por sus amigos, con el Amigo que se entregó por todos…

Es cierto el dicho de que los amigos los da Dios. La sangre crea el vínculo de la familiaridad, que es permanente aunque no se trate. La amistad se basa en la comunicación. Somos amigos de San Martín de Porres en la medida que estamos familiarizados con él y nos gloriamos de tener un tal amigo que nos mantiene firmes en el servicio del Señor, como le sirvió él. Él nos ayudó a comprender que los que caminan con nosotros son la oportunidad para expresar nuestra amistad a Jesús.

Que el Santo de la amistad cree entre sus amigos y simpatizantes el vínculo que nos eleva a la categoría de amigos de Jesús y nos hace, a la vez, amigos del “creador de amistad”.

Fr. Francisco Arias, O.P. (Convento de San Pablo Apóstol/PP.Dominicos-Palencia)

Extracto del artículo “Creador de amistad”, publicado en la revista “Amigos de Fray Martín” (nº538). Abril de 2013

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San Martín de Porres - Adolfo Pérez Esquivel 1
 

El amor es servicio, por eso la amistad lleva a servir a todos, sin atender al rango y categoría de las personas

Señor, henos ya a muchos reunidos, amigos de tu gran amigo, Martín;

este bloque compacto de fuerza espiritual, quiere llevar a la sociedad actual

hasta los cauces de una auténtica justicia y caridad cristianas.

Haznos trabajar según este espíritu, para imprimir, primero en nosotros

luego en nuestros semejantes, el auténtico criterio y único ideal

de vida cristiana: el AMOR.

Y tú Martín, llévanos a través de la obra de tu AMISTAD

hasta Cristo nuestro Señor, Amén.

Beato Pablo VI, el Papa de la Paz

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Pablo VI

 Beato Pablo VI, el Papa de la Paz

Juan Bautista Montini nació la pequeña localidad de Concesio, Brescia (Italia), el 26 de Septiembre de 1897. Su padre había sido diputado del parlamento italiano y fundador del Movimiento Social Católico de Italia. Ordenado sacerdote con 22 años, fue enviado a Roma para proseguir sus estudios eclesiásticos, logrando los títulos de doctor en Teología y en Derecho Canónico. Años más tarde, bajo el pontificado de Juan XXIII, es nombrado Arzobispo de Milán y algún tiempo después participa en los primeros trabajos del Concilio Vaticano II (1962 – 1963). El 21 de Junio de 1963 el cardenal Montini es elegido Sumo Pontífice de la Iglesia católica – número 262- hasta su fallecimiento el 6 de agosto de 1978.

Pablo VI es considerado como un papa renovador, de concordia y diálogo; a mitad de camino entre el ascetismo espiritual de Pío XII y la amabilidad acogedora de Juan XXIII. Él fue quien recogió de Juan XXIII la herencia de llevar a su clausura el Concilio Vaticano II. Asimismo abordó la reforma de la curia romana, acaecida en 1968. En los 15 años de pontificado escribió un total de siete Encíclicas. Además de las Encíclicas, publicó en el año 1971 una Carta apostólica en favor de la justicia social, precisamente coincidiendo con el ochenta aniversario de la “Rerum Novarum”. Grande fue también su devoción a la Virgen María, y su conocida Exhortación apostólica “Marialis Cultus“, dirigida a todos los fieles para la recta ordenación y culto a la Santísima Virgen María. También el 21 de noviembre de 1964 proclama a Santa María como Madre de la Iglesia.

Su pontificado no fue fácil. Sin embargo, supo llevar el timonel de la Iglesia Universal con prudencia, sabiduría y valentía necesarias (“No debo tener miedo…Dios y yo“). Con la edad, su salud se resentía y su corazón se apagaba. El Santo Padre comprendió que se acercaba su hora, y mientras los médicos trataban de recuperarle, pidió a sus acompañantes que rezaran por él. Fallecía de manera dulce y tranquila el 6 de agosto de 1963 -fiesta de la Transfiguración del Señor-. Y hoy, 19 de octubre de 2014, la Iglesia católica celebra con alborozo su elevación a los altares de la gloria. Para que llegara esta beatificación ha sido providencial el milagro -acontecido en Estados Unidos en los años 90- de la curación prodigiosa y sobrenatural de un niño no nacido en grave riesgo por importantes secuelas físicas y psíquicas; rechazando su madre la propuesta de abortar a pesar de los graves problemas que presentaba el feto. Hoy es un niño sano y risueño gracias a la intercesión atribuida a Pablo VI.

A continuación, su bellísimo -y siempre actual- discurso pronunciado en la O.N.U. sobre la Paz en el mundo.

Pablo VI en la ONU

No más guerra, guerra nunca otra vez. La paz es lo que debe guiar los destinos de todos los pueblos. 

…En su nombre, como en el nuestro os deseamos a todos honor y salud.

Esta reunión, como bien comprendéis todos, reviste doble carácter: está investida a la vez de sencillez y de grandeza. De sencillez, pues quien os habla es un hombre como vosotros; es vuestro hermano, y hasta uno de los más pequeños de entre vosotros, que representáis Estados soberanos, puesto que sólo está investido —si os place, consideradnos desde ese punto de vista— de una soberanía temporal minúscula y casi simbólica el mínimo necesario para estar en libertad de ejercer su misión espiritual y asegurar a quienes tratan con él, que es independiente de toda soberanía de este mundo. No tiene ningún poder temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros. De hecho, no tenemos nada que pedir, ninguna cuestión que plantear; a lo sumo, un deseo que formular, un permiso que solicitar: el de poder serviros en lo que esté a nuestro alcance, con desinterés, humildad y amor…

…Pero no basta con alimentar a los que sufren hambre: es menester además, asegurar a cada hombre una vida conforme a su dignidad. Y es lo que vosotros tratáis de hacer. ¿No es acaso a nuestra manera  de ver el cumplimiento, gracias a vosotros, del anuncio profético que se aplica tan bien se aplica a vuestra institución: «fundirán sus espadas para de ellas hacer arados y sus lanzas para hacer hoces» (Is 2, 4) . ¿No utilizáis acaso las prodigiosas energías de la tierra y los magníficos inventos de la ciencia, no ya en instrumentos de muerte, sino en instrumentos de vida para la nueva era de la humanidad?…

…En una palabra: el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de iluminarlo y darle vida. Y esos indispensables principios de sabiduría superior no pueden descansar —tal es nuestra condición, y así lo creemos firmemente, como sabéis— más que en la fe de Dios, el Dios desconocido de que hablaba San Pablo a los atenienses en el Areópago (Hch 17, 23) . Desconocido de aquellos que, sin embargo, sin sospecharlo, le buscaban y le tenían cerca, como ocurre a tantos hombres en nuestro siglo…Para nosotros, en todo caso, y para todos aquellos que aceptan la inefable revelación que el Cristo nos ha hecho de sí mismo, es el Dios vivo, el Padre de todos los hombres.

Pablo VI, 4 de Octubre de 1965. Discurso en la O.N.U.

Discurso íntegro en el Diario de Las Palmas, 5 de Octubre de 1965

pablo VI

pablo VI (1)

Picar en las imágenes para agrandarlas

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Pablo VI

Oración por la Paz del Papa Pablo VI

Señor, Dios de la paz, Tu que creaste a los hombres para ser herederos de tu gloria. Te bendecimos y agradecemos porque nos enviaste a Jesús, tu hijo muy amado. Tú hiciste de Él, en el misterio de su Pascua, el realizador de nuestra salvación, la fuente de toda paz, el lazo de toda fraternidad. Te agradecemos por los deseos, esfuerzos y realizaciones que tu Espíritu de paz suscitó en nuestros días, para sustituir el odio por el amor, la desconfianza por la comprensión, la indiferencia por la solidaridad. Abre todavía más nuestro espíritu y nuestro corazón para las exigencias concretas del amor a todos nuestros hermanos, para que seamos, cada vez mas, artífices de la PAZ. Acuérdate, oh Padre, de todos los que luchan, sufren y mueren para el nacimiento de un mundo mas fraterno. Que para los hombres de todas las razas y lenguas venga tu Reino de justicia, paz y amor. Amen.

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Paulus PP. VI (Vaticano)

Ilustraciones del artista Fray Félix Hernández, O.P.

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san-martin-de-porres-blog

San Martín de Porres

Sta.Rosa de Lima y S. Martín de Porres

Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres

Santo Domingo, modos de orar

Santo Domingo de Guzmán, modo de orar

Santos dominicos

Los santos de la Orden de Predicadores bajo el manto de la Virgen

La obra de Félix Hérnadez, O.P., quiere ser un servicio a la predicación del Evangelio, formas y colores que expresen la esperanza, la alegría de la fe al modo de Domingo de Guzmán.

Fr. Félix es un fraile dominico español. Ingresó en la Orden en el año 2000, tras realizar sus estudios de Bellas Artes en las Facultades de Sevilla y de la Universidad Politécnica de Valencia. En 2011 obtuvo la licenciatura en Teología por la Facultad San Esteban de Salamanca y actualmente está trabajando en su tesis doctoral.

Tal y como él mismo expresa en su presentación: “A lo largo de todos esos años de formación he tomado conciencia de la distancia existente entre el arte contemporáneo y la sensibilidad religiosa, así como de la necesidad de crear espacios de diálogo entre la fe y la cultura, por eso mi trabajo busca dar respuestas desde la unificación de esas, mis grandes pasiones: Dios, el Ser Humano y el Arte”.

Con sus obras, Fray Félix trata de “expresar la alegría de la fe y el Evangelio; el sentido y significatividad que hoy sigue teniendo el mensaje de Jesucristo”.

Detalles de la obra “¿Silencio?”, de Félix Hernández, O.P.

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Páginas del autor:

Félix Hernández, O.P.

Ilustrando y Dios

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Artículo recomendado: Apagón (referido a Fray Martín)

Parroquia San Martín de Porres (Los Andenes, San Cristóbal de La Laguna)

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Iglesia San Martín de Porres - Los Andenes

Iglesia de San Martín de Porres en Los Andenes de Taco (Tenerife)

Iglesia San Martín de Porres - Los Andenes 1

 Retablo mural, a los lados Santa María sentada en el trono con el Niño Jesús y San Martín de Porres

San Martín de Porres - Los Andenes

Fray Martín de Porres

La parroquia de San Martín de Porres se encuentra en el populoso barrio lagunero de Los Andenes, en el municipio tinerfeño de San Cristóbal de La Laguna. Un lugar fundamental para el barrio, de encuentro y cohesión para los vecinos, donde el grupo parroquial de Cáritas realiza una gran labor asistencial y de desarrollo de las personas más necesitadas. Las misas se ofician los martes a los 18.30 y los domingos a las 10.30 horas.

También en el barrio se encuentra el Centro Sociocultural y Ciudadano San Martín de Porres que se dedica a la realización de distintas actividades para la promoción de las personas y la dinamización del lugar.

Las fiestas de San Martín se celebran en el barrio durante los últimos días de octubre y hasta el 3 de noviembre, con un buen número de actos populares y tradicionales, donde fluyen la convivencia y los sentimientos de los vecinos y que representan unas jornadas de hermandad entre todos.

Parroquia de San Martín de Porres (Castellar-Oliveral, Valencia). Mural de Rafael Mocholí

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Oliveral-Valencia 1

San Martín de Porres (Castellar-Oliveral, Valencia)

En esta pedanía de la ciudad de Valencia se celebra, durante el 2º domingo del mes de Septiembre, la fiesta principal en honor a San Martín de Porres, titular de la parroquia. En la procesión participan todas las advocaciones ligadas a Castellar-Oliveral. La iglesia de San Martín de Porres -situada más concretamente en el barrio de L’Oliveral- se empezó a construir en 1973, concluyendo las obras en 2001. Anteriormente a su construcción los habitantes del lugar celebraban las ceremonias religiosas en una casa particular habilitada para ello. Destaca principalmente su altar mayor, con un mural de 70 metros, obra de Rafael Mocholí, y en cuyo centro se encuentra precisamente la imagen del santo que se muestra arriba.

Además durante el mes de Septiembre, junto a San Martín de Porres se celebra conjuntamente las fiestas del Santísimo Cristo (L’Oliveral), para una semana después dar paso a las fiestas de la Virgen del Rosario (Castellar). Unos festejos que son todo un ejemplo de tradición y convivencia entre los vecinos.

Oliveral -Valencia

Himno a San Martín de Porres por los vecinos de Castellar-Oliveral (lengua valenciana):

L´Oliveral vos aclama
en tota ocasió confiat,
Gloriós Sant Marti de Porres
Apostol de caritat.
Gloriós Sant Marti de Porres
Apostol de caritat.

Vos sou guia en el camí,
protector ple d´humiltat,
encengau els nostres cors
del ver amor al germà.

L´Oliveral vos aclama
en tota ocasió confiat
Gloriós Sant Marti de Porres
Apòstol de caritat.

Mural de Rafael Mocholi en el presbiterio del Altar Mayor Iglesia de San Martín de Porres (El Oliveral - Valencia)

Altar Mayor de la Parroquia de San Martín de Porres (Castellar-Oliveral)

Mural del conocido pintor Rafael Mocholí Soto (Valencia, 1930) en el presbiterio del Altar Mayor de la Iglesia de San Martín de Porres, en Castellar-Oliveral. Dicho mural, de 70 metros cuadrados, se realizó en 1993 y se inauguró oficialmente el 4 de Enero de 1994, y constituye sin duda una de sus creaciones más espectaculares.

San Martín de Porres, el santo de la Hispanidad

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SMP Hispanidad

En el nuevo despertar espiritual de América -acontecido a mediados del siglo pasado- apareció como guía en los caminos populares hacia Dios la humilde figura de Fray Martín de Porres. 

Flor de humildad fue este varón de virtudes, que dentro de su hábito de lego tenía el alma elegida, en la que se juntaban la obediencia pronta y alegre, la pobreza elegida y amada, la pureza angélica sin mancha…Dios le dispensó por ello la merced inefable de asistirle para atender de cerca sus ruegos.

Un preclaro panegirista del Beato Martín de Porres nos dice que este mulato es “el santo de la Hispanidad y el símbolo y prototipo del continente americano”, por la síntesis de las tres razas: la negra, la indígena y la española que en él se da por ventura. Este mulato nos enseña con su vida la solución de todos los problemas del hombre, buscando a Dios en todas las cosas, llevando a Dios en todas las almas. Su vida no fue lección de cátedra, sino de continuo quehacer, de ejemplo vital sin tregua. Sin decir a nadie el por qué de sus obras, ellas mismas nos revelan que las hacía porque hacerlas era bueno para los semejantes y Dios se complacía en extender su bondad infinita a través de su humilde corazón que no sabía distinguir de razas ni de colores para acudir a las llamadas de las almas contritas.

Las devoción al Beato Martín de Porres ha saltado a Europa con ímpetu arrollador por la católica Irlanda. Desde allí ha pasado a los más apartados rincones de África, donde sostiene el celo de los misioneros que predican el Evangelio entre los negros del gran continente africano. El nombre de Martín se repite y multiplica por todas partes donde el bautizo en Cristo extiende el caudal de sus aguas regeneradoras.

José Andrés Vázquez

Artículo publicado en el periódico ABC el 12 de Octubre de 1952, “El Santo de la Hispanidad”. CLICK AQUÍ para leerlo completo (una vez en la noticia, si deseas leer el texto con un mayor tamaño o guardarlo, pica a continuación en la pestaña “Descargar esta página en PDF”)

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*El presente enlace tiene como única finalidad ser un material de lectura sobre la vida de San Martín de Porres. Precisamente por ello su uso tiene exclusivamente por objeto fin educativo o de investigación.

Fray Tomás Morales, O.P., dominico y mártir canario

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Fray Tomás Morales, O.P. 1

Fray Tomás Morales, O.P: Sólo Dios y nadie más

Tomás María Morales Morales nace en el pago del Carrizal de Ingenio (Gran Canaria), el 12 de julio de 1907, en el seno de una familia cristiana y numerosa. El mismo día de su nacimiento es bautizado en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso del citado lugar. Sus padres, Don José Morales y Doña Andrea Morales, a pesar de su condición humilde y una extensa prole, procuraron para sus hijos una buena educación, forjando -en todos ellos- una rica personalidad de elevados ideales y valores cristianos. El espíritu dominico estuvo siempre presente en su casa. Precisamente, una tía abuela y una tía paterna eran religiosas dominicas en el Convento de Santa Catalina de Siena de La Laguna (Tenerife).

Tomás fue siempre un niño bueno y sensible; buen hijo y buen amigo. Tras recibir las primeras enseñanzas en su pueblo, con los profesores Don Jacinto Quevedo y Don Domingo Díaz, se traslada a la capital de la isla con el objeto de prepararse para su ingreso en la Escuela Apostólica de Almagro (Ciudad Real) de los Padres Dominicos. Buen estudiante, destacó en el estudio de las lenguas clásicas y las orientales. Durante su período estudiantil en Las Palmas de Gran Canaria tuvo un percance -en cierto modo revelador- al sufrir la caída desde un tranvía de vapor, popularmente conocido como “la Pepa”, que por aquel entonces recorría los principales puntos de la ciudad hasta el Puerto de la Luz, resultando herido de gravedad con una fractura en el parietal derecho. Mientras le atendían en estado de inconsciencia repetía “sólo Dios y nadie más”, evidente signo que la semilla fructífera de su vocación a Dios comenzaba a germinar en Tomás María. Otra conocida anécdota -cuenta su familia- fue durante una estancia vacacional en su pueblo del Carrizal, cuando regresando de oír misa con su padre se acercó a saludar a un señor de aspecto árabe qué, sorprendido al verse saludado en su lengua materna y por el trato amable de Tomás, no dudó en abrazarlo de manera emocionada en una escena que además de curiosa resultó muy entrañable.

El 21 de noviembre de 1919 llegó el Padre Tomás Morales a Almagro (Ciudad Real), donde tomó el hábito el 7 de octubre de 1923 en el Noviciado de los Dominicos. Su padre, viendo que la vocación de Tomás era firme y fuerte, dio el consentimiento definitivo para que su hijo ingresara en la Orden. Realiza los cursos de Teología y es ordenado sacerdote en marzo de 1931. Ofició su primera misa el 7 de abril de 1931, siendo sus padrinos de altar Fray Manuel Herba y Fray José Bádenes; y padrinos de honor, don Juan Agustín Morales Alemán y doña Adelaida Martel Navarro. Tras una corta temporada en Gran Canaria y posterior regreso a Almagro, es destinado – octubre de 1933- al convento de los Padres Dominicos de Almería, donde le sorprendió el Alzamiento Nacional que daría paso a casi tres sangrientos años de guerra civil. El 22 de julio de 1936, la Comunidad de PP.DD. decidió dispersarse al rendirse las tropas sublevadas en Almería, al mando del Teniente Coronel D. Juan Huertas Topete, y hacerse con el control las fuerzas milicianas armadas. Ante su acción represiva, el Prior del Convento Dominicano distribuyó los escasos fondos de los que disponían entre la Comunidad: repartieron a algo menos de 100 pesetas cada uno; consumieron las formas del sagrario y con un fraternal abrazo los despidió, dispersándose y refugiándose en casas particulares. Fray Tomás y otro compañero suyo, Fray Fernando, se cobijan en casa de una piadosa señora llamada Doña Teresa de Castro. Pero muy pronto es apresado, pues no desea comprometer en ningún caso a la buena mujer que lo había acogido en su hogar. Detenido en la calle es trasladado a la prisión provincial y de allí a un barco, algo parecido a una cárcel flotante. Durante la guerra civil española sería vilmente asesinado en Almería el 31 de agosto de 1936, al ser fusilado y arrojado a un pozo junto con sus Hermanos de Orden. Hombre valiente y ejemplo de fortaleza, hasta la misma hora de su muerte demostró su elevado espíritu cristiano aliviando y alentando a sus compañeros de martirio en el sufrimiento que padecen. Durante la guerra civil española miles de religiosos, cuya cifra todavía no es posible precisar con exactitud, morirían por el odio a la fe en una terrible persecución religiosa.

Ya en el mes de diciembre del año 1962, el Monseñor Teodoro Labrador, Arzobispo de Foochow, perteneciente a la Orden de Predicadores, visitó Gran Canaria acompañado del Vice-Postulador de las Causas de Beatificación y Canonización de los Padres Dominicos de la provincia Bética, el entusiasta valedor de la familia dominica y durante años Prior del Convento de Santo Domingo de Jerez, Fray José Plaza Montero (13 de septiembre de 1984), en misión relacionada con el expediente abierto de la causa de beatificación de los mártires dominicos (Causa de Almería), recogiendo de primera mano documentación y testimonios sobre la vida de Fray Tomás. A Fray Tomás Morales se suman otros cinco compañeros del Santuario establecido al amparo de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad: Juan Aguilar Donis, Fernando Grund Jiménez, dos hermanos cooperadores (Fernando de Pablos Fernández, Luis Mª Fernández Martínez) y don Fructuoso Pérez Márquez, periodista -director del diario católico “La Independencia”, padre de familia y ferviente seglar dominico.

Fray Tomás Morales, O.P.

Fray Tomás Morales, dominico: mártir de la fe, testigo veraz y fiel de Cristo.

El Padre Tomás Morales exclamó a sus compañeros de sacrificio al poco de morir: ¡”Tened confianza en Dios, que pronto lo veremos. Vamos a ser mártires de Cristo!. A lo que ellos respondieron al unísono: “¡Viva Cristo Rey!”. De esta manera -en un acto de su inmensa bondad- morirían perdonando y apiadándose de sus verdugos.

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo,
para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor.
Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España,
mantuvieron su adhesión a Jesucristo
de manera tan radical y plena
que les permitiste derramar su sangre por Él.
Danos la gracia y la alegría de la conversión
para asumir las exigencias de la fe;
ayúdanos, por su intercesión,
y por la de María, Reina de los mártires,
a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad
y a promover una viva comunión
entre los miembros de tu Iglesia en España;
enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores,
en la nueva evangelización
haciendo de nuestras vidas
testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Previa autorización de la Sagrada Congregación de Ritos, se constituyó el 23 de abril de 1962, oficial y solemnemente, el tribunal para la causa de beatificación y canonización, o declaración de martirio, de los religiosos dominicos de la Provincia Bética, en el monasterio y santuario de la Patrona de Almería, Santísima Virgen del Mar. Para presidir el tribunal llegó a Almería -como hemos señalado con anterioridad- el arzobispo dominico Monseñor Teodoro Labrador. Una vez constituido el tribunal y el jurado se cantaría en el templo una solemne Salve con exposición del Santísimo Sacramento.

Actualmente, la causa ha precisado de investigaciones complementarias y de una adecuada presentación, en conformidad con la normativa canónica vigente. El estudio de la «Positio» forma parte de un único volumen – junto a las «Positiones» de la “causa de los dominicos de Almagro” y la “causa de la Hermana Sor Isabel (Ascención de San José) Sánchez Romero”-, ya editado y entregado en la Congregación para las Causas de los Santos en el mes de septiembre de 2013. En realidad, las causas se presentan y se estudiarán individualmente. Primero examinará la «Positio» una «Comisión de Peritos en Historia», después la estudiarán algunos «Consultores Teólogos» y, por último, pasarán por el examen de un grupo de «Cardenales y Obispos Consultores».

Si los trámites previstos para el proceso de beatificación de Fray Tomás Morales, O.P., siguen su cauce puede ser el primer beato nacido en Gran Canaria y primer beato dominico de Canarias. Además se encuentran abiertos, y por buen camino, los procesos de beatificación del también grancanario Antonio Vicente González -educado en los dominicos de Agüimes y primer párroco de Santo Domingo de Guzmán en Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria); y del dominico Padre Cueto, Obispo de Canarias entre 1891 y 1908. También, aunque algo más lento de lo esperado, sigue abierto el proceso de beatificación de la monja dominica Sor María de Jesús León y Delgado (La Siervita), nacida en El Sauzal (Tenerife). Su cuerpo permanece incorrupto y cada 15 febrero gran cantidad de devotos acuden al convento de Santa Catalina de La Laguna a honrarla.

Quiera pronto el Señor que nuestros bienaventurados Siervos de Dios nacidos en Canarias, y aquellos otros que viniendo de fuera han sido buenos con nuestro pueblo, lleguen pronto a los altares. Tan necesario, tan deseado. 

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Tomás Morales, O.P.

El Padre Tomás Morales vestido de paisano

A continuación, un interesante artículo del sacerdote e investigador Don Julio Sánchez Rodríguez sobre Fray Tomás Morales, O.P.:

Fray Tomás Morales Morales, O.P., carrizalero y mártir

Festividad de Nuestra Señora del Rosario

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Virgen del Rosario - Santo Domingo

Rindiéndole a María el tributo que se merece, se le gana el corazón; y complacida derramará sobre sus fieles siervos aquella abundancia de bendiciones y aquellos tesoros de gracias, cuya distribución tiene a su cargo.

La devoción del Rosario se instituye singularmente para reconocer la dignidad de Madre de Dios, y la clase superior a todas las criaturas que ocupa la Santísima Virgen, por aquellas mismas palabras con que se anunció la primera vez la divina maternidad, y con que fue saludada por el Ángel como llena de gracia. Recordemos en el Rosario este singularísimo favor, esta eminente prerrogativa, y demos los parabienes por ella. Redúcese en él toda nuestra oración a dar un solemne testimonio de fe, de la parte que nos toca en su elevación y en su dicha, y de la confianza que tenemos en su poderosa bondad. Hacemos pública profesión de reconocer con toda la Iglesia a la Santísima Virgen por verdadera Madre de Dios, y en virtud de este augusto título por soberana Señora de todo el universo, Reina de los Ángeles y de los hombres, Mediadora entre los hombres y Jesucristo, nuestro supremo Mediador entre nosotros y su eterno Padre, refugio seguro de todos los pecadores, asilo inviolable de todos los infelices, consuelo de todos los afligidos, madre de los predestinados, madre de misericordia y de gracia.

Santo Rosario

La fiesta del Santísimo Rosario, la devoción más hermosa y más popular a honra de la Madre de Dios.

“Era Fray Martín de Porres sobremanera devoto de la Emperatriz del Cielo María Santísima Señora Nuestra, devoción que entre todas las de los Santos se lleva la primacía. Sin esta no hay virtud, que lo sea, ni santidad, que merezca nombre de tal, pues nadie puede agradar a Dios, sin caer en gracia a su Madre; y escogiendo Dios a Fray Martín para sí, asentó en su corazón la devoción, y afecto a María: visitaba frecuentemente de día, y de noche su altar, rezaba con gran fervor, y suavidad de espíritu su Santísimo Rosario, oración tan del agrado de Dios, y de su Madre, que por ella han alcanzado, y alcanzarán los hombres inestimables favores y mercedes”.

Página 93 – 94 Compendio de la virtudes de Fray Martín (Jaime Barón)

Virgen del Rosario de Agüimes

Por la mediación de los misterios del Rosario es ésta una de las más santas oraciones de la Iglesia, en que yendo el corazón de acuerdo con las palabras, se tributa a Dios y a María un perfecto culto de religión.

Oración a la Virgen del Rosario

Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás. Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del Rosario, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo.

(Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, Juan Pablo II)

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Virgen del Rosario - Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia

Nuestra Señora la Virgen del Rosario

San Martín, ciudadano del cielo

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la humildad es el camino

El cielo era su patria, pues vivía más en el cielo que en la tierra.

“Oh Dios, grandeza de los humildes, que llevasteis a Vuestro Santo Confesor Martín al Reino del Cielo: Concedednos por sus méritos e intercesión, imitar en la tierra su humildad, para que merezcamos ser exaltados con él en los cielos”.

Ser “ciudadano del cielo”, no es una adquisición, es una gracia, un regalo que Dios concede a todos los que lo acogen con entusiasmo y agradecimiento. San Martín vivió con alta dignidad esta suprema ciudadanía. El cielo era su patria…no era un teoría, sino el destino cada vez más amado, más deseado, más poseído, porque el cielo es Dios y, aunque no lo podemos abarcar en sí mismo, sí lo podemos poseer.

No entenderemos a nuestro Santo si nos quedamos con fórmulas, aunque sea bellas, si no entramos en su corazón. Era un hombre privilegiado porque sabía que en el cielo sería totalmente hombre, con una personalidad única, amado en sí mismo y, por lo tanto, feliz en plenitud. Algo muy distinto al triste y vacío final de quienes creen que la nada les espera. El cielo es regalo, no conquista. San Martín no servía a los hermanos para “ganarse” el cielo, para salvarse. Lo había salvado el Señor en la Cruz. Lo suyo era servir, no por el premio, sino por amor, al que va unida la vida eterna. Perseverar en el servicio y con el deseo en el Señor, ya que seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es, compartiendo felicidad con hombres santos, felices, con los ángeles y bienaventurados.

San Martín no asistía a las doctas clases de teología que en su convento se impartían, lo suyo era la escoba y escuchar al Espíritu Santo en su reducida portería. Se había impuesto una hermosa tarea: No dar descanso a su corazón, para entrenarlo a lo que sería dedicación permanente en el cielo: Amar en el mismo Amor de Dios. Amar todo, como Dios lo ama. Bien sabía que el amor no se improvisa, se ejercita en la práctica diaria, hasta el punto que se podía afirmar de él que “amar, era su ejercicio”. Amar como él, es anticipar el cielo, andar el camino seguro, con fin feliz en el descanso verdadero.

Este es el legado de San Martín para sus amigos y para los amantes de la verdad, vivir el gran mandamiento del amor a Dios y a los demás…La tarea del cielo será descubrir con gozo el misterio de Dios, Trino y Uno, con sorpresa permanente y para toda la eternidad. Con razón San Martín se sentía ya ciudadano de esa Patria, que es también, la nuestra.

Fr. Francisco Arias, O.P. (Convento San Pablo Apóstol/PP. Dominicos – Palencia) (1)

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elevación

  Martín voló       sin           alas  ni motores,

                 desde       sí mismo,

                 sobre        sí mismo,

        hasta        Dios

1º.- Extracto del texto “San Martín, ciudadano del cielo”. Revista “Amigos de Fray Martín” (nº 535). Especial Diciembre 2012
2º.- Entresacado del texto “Clave de vida, en popurrí de vocablos”, de Fray Alberto Escallada, O.P. (Revista de amigos de Fray Martín, nº 534 – Noviembre 2012)

San Martín de Porres, el Santo de los “más humildes”

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el santo de los más humildes

*San Martín de Porres, el Santo de los “más humildes”

En 1587, Martín de Porres vivía en Lima, Perú. A los ocho años, no era lo que hoy llamaríamos un niño común. A esa edad ya se estaba preparando para ser peluquero y barbero, lo que en su mundo también significaba aprender a ser cirujano, farmacéutico y médico. Pero había algo más que lo caracterizaba: le encantaba rezar. Isabel García, dueña de casa donde vivía Martín, abría sigilosamente la puerta del dormitorio del muchacho en la noche y lo veía arrodillado frente a un crucifijo con el rostro bañado en lágrimas.

¿A qué se debe que una persona sea tan devota a Dios a tan tem­prana edad? Algunos de los factores que podemos apreciar en la vida de Martín nos dan una clave para encon­trar una respuesta sorprendente. Nos muestran que, en las matemáticas del Reino de Dios, incluso un gran “factor negativo” puede transformarse en un enorme “factor positivo”.

Padre desconocido. El “fac­tor negativo” más grande y lo que probablemente más influyó de la vida de Martín fue el haber cre­cido siendo rechazado por su padre. Juan de Porres era un soldado espa­ñol que nunca se casó con la madre de Martín, una ex esclava africana. Se negó a reconocerlo porque el niño era mulato, tenía la piel oscura como su madre. De hecho, en el certificado de bautismo figura el padre de Martín como “desconocido”. Es cierto que el padre pagó para que su hijo fuera a la escuela durante un año, pero final­mente abandonó el lugar y dejó a su hijo en una completa pobreza con su madre y su hermana.

Sin duda Martín pudo haber guar­dado profundos resentimientos por este abandono; pero según parece, prefirió recurrir a Dios, que no rechaza a nadie. También le entregó su corazón a Jesús, el mismo que una vez había exclamado: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Y al arro­dillarse ante el crucifijo, Martín sentía que en su interior crecía el deseo de tender la mano a otras personas que estaban en situación similar a la suya: los necesitados, los oprimidos y los “más humildes” de este mundo (Mateo 25,40).

Martín se identificaba con los indí­genas nativos, que vivían como pueblo conquistado, avasallados por los espa­ñoles que habían conquistado el Perú en 1533; se identificaba con los escla­vos africanos que cumplían trabajo forzado en las minas de oro y plata; se identificaba con todos los de san­gre mestiza de su ciudad, aquellos que pensaban que no pertenecían a nadie. El corazón de Martín se compadecía de los menos privilegiados en tal grado que, cuando salía a realizar manda­dos, con frecuencia el dinero que su madre le daba para comprar algo lo repartía entre los mendigos y regre­saba a casa con las manos vacías. “No puedo ignorar a los pobres” se discul­paba. Y después de haber aprendido a ser barbero-cirujano, no cobraba nada por su trabajo, ni siquiera cuando su prestigio como sanador empezó a pro­pagarse por la ciudad.

Al cumplir los 15 años, Martín ingresó al monasterio dominico del Santo Rosario en Lima, no como sacerdote ni como hermano, sino como donado laico. Jamás pensó en pedir algo más, solamente quería ser­vir. Aunque tampoco habría sido útil, puesto que su única opción era la de ser un sirviente laico, ya que la orden no permitía que ningún postulante de origen africano o indígena hiciera profesión de votos ni fuera ordenado. Pero nueve años más tarde, los supe­riores dominicos, impresionados por la vida ejemplar de Martín, no sólo lo invitaron a hacer votos como hermano religioso, sino que insistieron en ello.

Smp

Ayudante del Médico divino. Las estatuas o estampas de San Martín suelen mostrarlo con una escoba en la mano. Es cierto que comenzó rea­lizando las tareas más humildes del monasterio, como barrer el piso y lim­piar los baños, pero sus otros talentos también fueron reconocidos sin demora: se convirtió en el barbero de la comunidad y, lo que era más impor­tante, su asistente médico. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a compartir la responsabilidad de la atención médica de casi 300 domini­cos, más las hermanas de un convento cercano y todos los obreros que traba­jaban en los terrenos del monasterio.

Con semejante carga de tra­bajo, Martín pudo haberse sentido exhausto con toda razón, pero su energía y su compasión no disminu­yeron. Había cultivado una fructífera vida interior a través de la adoración de la Sagrada Eucaristía y su oración constante era lo que lo sustentaba.

Sus hermanos decían que siempre parecía estar alegre y que bastaba con mirarlo para que los afligidos o atribu­lados se calmaran.

Pero Martín no se limitó al irradiar la paz de Cristo a los angustiados. Su don de curación fue mucho más efi­caz que cualquier medicina. Una vez, para tratar a un hombre que tenía una herida que le había envenenado la sangre, le puso polvo de romero en la parte infectada y le hizo la señal de la cruz. A la mañana siguiente, la herida se había cerrado. En otra oca­sión, un fraile moribundo le tomó la mano a Martín y se la puso en el lugar que más le dolía e inmediatamente se alivió. También, según parece, era capaz de llegar junto a sus pacientes tanto dentro como fuera del monaste­rio, en cualquier lugar y en cualquier momento en que lo necesitaran. Varias personas enfermas afirmaron que Martín había aparecido junto a su cama justo cuando habían rezado

Pero con lo asombrosos que eran estos milagros, el más grande de todos era el propio Martín. Su acti­tud de caridad y sacrificio se ganaba el favor de cuantos lo conocían, tanto como cualquiera de las maravillas que realizaba. Hacía lo que fuera necesa­rio para los enfermos, como quedarse junto a su cama toda la noche y no dormir, sino sólo cuando podía.

Pero esta heroica caridad de Martín le causó problemas, ya que la gente se agolpaba a las puertas del monasterio para visitarlo. Sus hermanos domi­nicos no estaban nada contentos y le ponían muchas objeciones, sobre todo cuando empezó a traer enfer­mos a su propia celda. Uno de los hermanos se quejó de que las sábanas de Martín despedían mal olor y que probablemente él estaba propagando la infección, pero Martín replicaba: “Con jabón y agua se pueden lavar las sábanas, pero sólo la penitencia puede quitar la mancha de las palabras poco caritativas.”

Finalmente, el prior le ordenó que dejara de usar su celda como enfer­mería. Martín obedeció e hizo otros arreglos, salvo en un caso en que un indígena necesitaba atención inmediata. Cuando le pidieron expli­caciones, Martín declaró: “Tuve que ver qué era más importante: la obe­diencia o la caridad, y decidí que la caridad era más importante.” Lo dijo con tanta convicción y humildad que el prior le respondió que, si era así, que usara su propio juicio.

misionero de la misericordia

Misiones de misericordia. Martín se preocupaba de atender a los pobres de tantas maneras que muchas veces se le ha considerado el fundador de la profesión de asistente social de nues­tros días. Sin duda su trabajo era un ejemplo del verdadero espíritu de la obra social cristiana: reconocer la dig­nidad de cada persona y atenderla de la misma manera como Jesús la atendería.

Martín era el encargado de dis­tribuir las limosnas del monasterio, por lo cual iba frecuentemente a la ciudad a ver a los necesitados y ofre­cerles misericordia. Cada día reunía la comida sobrante del monasterio y se las llevaba a cientos de pobres y al hacerlo rezaba: ¡Que Dios lo multipli­que por su infinita misericordia!” Y la comida nunca se acababa, por muy grande que fuera el gentío.

Cargando una canasta llena de alimentos y medicinas, Martín visi­taba los hospitales, las cárceles, los hogares de familias, las chozas de los indígenas y los esclavos y tam­bién las residencias de los soldados y de las familias de clase alta que pasaban por dificultades. La gene­rosidad de Martín no era restringida ni mezquina, porque no sólo daba las limosnas, también las pedía. Se estima que los bienes de primera necesidad que repartía a los pobres cada semana llegaban al equivalente a unos 2.000 dólares, suma enorme en aquellos días.

Pero Martín también empren­dió proyectos mucho más grandes, como por ejemplo la construcción de un orfanato para los niños aban­donados de Lima. Ni la Iglesia ni el gobierno quisieron ayudarle a cos­tear las obras, por lo que Martín fue a visitar a los acomodados y reunió dinero suficiente para cons­truir el edificio y contratar maestros. Igualmente, haciendo campañas para reunir fondos llegó a construir hos­pitales, enseñaba a cultivar la tierra a los jóvenes, entregaba dinero para la dote a las novias necesitadas y plan­taba huertos frutales para familias pobres.

La caridad de Martín era tal que se extendía también a los animales, de una manera que hacía recordar a San Francisco de Asís. Una vez calmó a un perro furioso aconsejándole que “aprendiera a ser bueno, porque los bravucones terminan mal.” En otra ocasión, cuando hubo una plaga de ratones en la enfermería, con una suave orden de Martín —y la promesa de que tendrían comida diaria— los roedores desaparecieron. ¡Incluso consiguió que un perro, un gato y un ratón comieran del mismo plato!

San Martín de Porres

Ser como Jesús. Martín vivía en una sociedad en que el prejuicio racial era flagrante y, debido al color de su piel, solía ser una de las vícti­mas: primero lo fue de su padre, e incluso de sus hermanos dominicos. Algunos de ellos incluso lo llamaban “perro mulato”. Si el insulto hubiera sido para otra persona, sin duda Martín la habría defendido, pero cuando le llegaba a él mismo solía responder: “No has dicho nada más que la verdad. Por favor, perdona a este miserable pecador.”

Algunos dirían que Martín tenía una mala imagen de sí mismo o que tal vez era demasiado santo para dejar que le molestaran los insultos, pero lo más probable es que estaba dispuesto a soportar cualquier insulto porque realmente estaba convencido de su propia condición de pecador y de su absoluta dependencia de la mise­ricordia de Dios. Y cada una de esas ocasiones era una oportunidad más para crecer en santidad, respondiendo de buena manera y derrochando bon-dad frente a quienes lo trataban en forma abusiva. Esta conducta fue suficiente para que un hermano expe­rimentara una importante conversión: se dio cuenta de que realmente el necio era él, no Martín.

Martín de Porres falleció en 1639, aclamado ya como santo en toda la ciudad de Lima y alrededores. Como era de esperar, estaba rezando el Credo de Nicea y sus últimas palabras fueron la afirmación de la encarnación de Cristo: “y se hizo hombre.”

No es exageración alguna decir que el propio Señor cobró vida en la persona de Martín de Porres, y no es ningún secreto decir que Jesús quiere transformarnos a nosotros, los fie­les de hoy, para que nuestra propia vida también sea testimonio vivo de su amor y su misericordia. ¿Estamos dispuestos a dejar que Él actúe en nosotros? ¿Le entregamos a Dios nuestros defectos y virtudes y lo bus­camos de todo corazón? •

Por Bob French

*Bob French vive en Alexandria, Virginia. Esta reseña biográfica estuvo basada en otras biografías, entre ellas las tituladas Martín de Porres: “Un santo de las Américas”, por el padre Brian J. Pierce, OP, y “Martín de Porres, Apóstol de la Caridad”, por Giuliana Cavallini.

Fuente del texto: la-palabra.com

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