Martín de Porres: un corazón abierto al corazón

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Martín de Porres: un corazón abierto al corazón

El corazón de Martín y el corazón de Dios

Martín de Porres nació hace más de cuatrocientos años atrás, en 1579, en Lima, Perú. Nació mestizo, mulato, hijo de una mujer africana (Ana, nacida en Panamá de padres esclavos africanos) y un padre español, llamado Juan de Porres. El alma de Martín era negro y su corazón español. Y no había dado aún su primer aliento, cuando el enfrentamiento entre estos dos mundos comenzó a lidiar en lo más profundo de su pequeño corazón. En 1533, unos cuarenta y cinco años antes del nacimiento de Martín, Atahualpa, el rey de los incas, había sido asesinado por el conquistador español Francisco Pizarro. De la noche a la mañana, los pueblos indígenas y afro de Perú en las Américas se convirtieron en siervos y esclavos del Imperio. Bartolomé de las Casas, fraile dominico, que había escrito poco tiempo antes del nacimiento de Martin, describió lo que había presenciado en las tierras recién descubiertas de las Américas:

“Dejé en las Indias a Jesucristo, nuestro Dios, azotado, afligido y crucificado, no una, sino miles de veces por aquellos que asolan y desoyen a los indios …” en su búsqueda codiciosa de oro y poder.

Es una guerra que sigue asolando a nuestro mundo a día de hoy.

Pero Martín de Porres, era algo más que un niño pobre nacido en un mundo difícil y hostil, era también un santo. Y por eso lo recordamos hoy.

Poco después de su nacimiento -posiblemente incluso el mismo día- Martín fue bautizado en la Iglesia de San Sebastián en Lima. Su fe de bautismo dice: “El miércoles, nueve de diciembre de 1579, se bautizó a Martín, hijo de padre desconocido y de Ana Velázquez, una mujer liberada negra”. No fue un comienzo fácil – especialmente con un padre ausente – de la manera en que se desarrolla la historia de Martín; no se puede dejar de vislumbrar el plan maravilloso de la bondad y providencia de Dios. El agua vertida sobre la cabeza de Martín ese día -llena de la gracia salvífica del Espíritu Santo- fluyó en su corazón, marcando el comienzo de una nueva creación.

Dios transformó lo que parecía un lamentable error en una bella obra de arte. “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas!”, Dice el Señor, nuestro Dios (Apoc. 21:5). Seis años más tarde, la pila bautismal misma daría la bienvenida a otro hijo amado de Dios en la Iglesia. Su nombre era Rosa de Santa María, Rosa de Lima, la primera persona canonizada nacido en las Américas.

La infancia de Martín fue difícil, por decir poco. Se rieron de él, se burlaron y lo ridiculizaron. A menudo llamado “perro”, es precisamente en medio del dolor y las luchas donde vemos el milagro del amor de Dios en el trabajo de su “mulato”. Herido una y otra vez por el odio y el racismo, Martín encontró una manera de aceptar -e incluso celebrar- el color de su piel y los colores del arco iris que brotaban de su corazón; y de esta manera, fue capaz de convertirse en un icono del amor y la libertad humana. Su corazón, al igual que Dios, parecía llegar a todo el mundo -amigos y enemigos- dándonos un ejemplo poderoso de lo que significa aceptar la diversidad en nuestros tiempos. Lo que para otros hubiera sido fácil transformarlo en una vida de amargura y de ira, para Martín se convirtió en una oportunidad para la santidad. Martín se confió a Dios en el caos y la pobreza de aquellos primeros años; tomando los hilos españoles y africanos de su corazón los tejió en un hermoso tapiz de amor.

Si fuéramos realmente honestos, tendríamos que admitir que todos somos mulatos y mestizos, personas de “sangre mezclada” de una u otra manera. La mayoría de nosotros somos hijos e hijas de inmigrantes y refugiados. Somos ítalo-americanos e irlandeses-americanos, polaco-americanos y afro-americanos. Nuestras familias emigraron aquí desde Puerto Rico, Alemania, Irak o Filipinas. Dios no inventó los pasaportes, lo hicimos nosotros. Y las fronteras en el mapa de Dios no existen.

Lo cierto es que navegamos todos en un mismo barco. Nuestro mundo es un arco iris hecho a imagen y semejanza de Dios. Algunos de nosotros disfrutamos con un buen arroz con pollo, mientras que otros prefieren una ensalada griega, un falafel, pizza o una hamburguesa jugosa. Ya sea con la música que escuchamos, los alimentos que comemos, las noticias que leemos o con el cónyuge que nos casamos, vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia en un mundo de increíble diversidad. Algunos nacieron aquí y otros han nacido allí. Algunos son demócratas y algunos republicanos. Pero no importa, los colores del arco iris que corren en nuestras venas a través de la sangre, nos demuestra que todos somos hijos de Dios. Esto es lo que Martín de Porres aprendió de la vida. Cada respiro suyo era un descubrimiento de que el corazón de Dios es universal: un corazón de muchos colores.

abierto al corazón

Uno de los dominicos de la comunidad de Martin dio este testimonio de Martin:

“El hermano Martín era un hombre de gran caridad, que sanando a sus hermanos cuando estaban enfermos, también colaboró ​​en el deber más grande de difundir el gran amor del mundo … [Ellos lo llamaron] ‘padre de los pobres’. “Por otra parte, se preocupaba por laicos fuera de estas paredes [] de todos los estados de la vida, curarlos de sus dolores, heridas e inflamaciones … y por lo tanto un número infinito lo buscó y encontró en él toda la ayuda: el alivio de los enfermos,, el consuelo a los afligidos, y el resto, refugio. Lo hizo de buena gana, su semblante [siempre] feliz y en paz. “Fr. Antonio Gutiérrez, OP (Proceso de beatificación de Fray Martín de Porres, O.P.)

San Pablo dice en su Carta a los Efesios:

Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, en su carne de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación … que podría crear en sí mismo una humanidad nueva, de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz … a través de la cruz … Así que no son más extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y también a los miembros de la familia de Dios “(Ef 2:13-19).

Toda la vida de Martín fue un testimonio vivo de cómo Dios puede crear armonía y belleza a partir de las diferencias aparentemente opuestas.

No hay mayor amor

Desde el momento en que cumplió unos ocho años hasta el día en que entró en el convento dominico, a los quince años, Martín vivió en la casa de una mujer llamada Isabel García, en una de las comunidades más pobres -la afro-peruana- del barrio de Malambo. Cada día Martín había visto a los esclavos africanos que iban por las calles -encadenados- a la espera de ser vendidos para trabajar en las minas de oro y plata. Los esclavos se hacinaban en los cercados de la zona, los llamados corralones, vigilados por perros. Sólo podemos preguntarnos qué pensaba su joven mente al pasar por estas jaulas llenas de seres humanos. ¿Qué piensa? ¿Qué sintió cuando vio el color de su piel, dándose cuenta de que era del mismo color que la de los esclavos? ¿Cómo fue ese ambiente de violencia que tanto afecta a un niño? Y hoy, ¿cómo le afecta a nuestra juventud, muchos de los cuales viven en barrios asolados por la violencia?

Quizás el mayor regalo de Martín fue su capacidad para dejar que Dios convirtiera su sufrimiento en compasión. ¿Dónde aprendió esto? ¿Cómo supo entregar su corazón herido a Dios para que pudiera sanarlo? Es interesante notar que fue precisamente durante esos años, que vive en el barrio de Malambo, cuando Martín comenzó a pasar largas horas de la noche en oración. Esto es lo que uno de los testigos testificó durante el proceso de beatificación de Martín:

de niño rezando

Martín pidió a Isabel García un cabo de vela de cera … temerosa de un incendio, pero sobre todo queriendo saber lo que estaba pasando, Isabel se dejó tentar por la curiosidad. Al acercarse a la habitación del niño, ella miró a través de las rendijas de la puerta. Lo que vio la dejó profundamente conmovida. Martín estaba de rodillas, tranquilo, en silencio, y rezando ante una imagen del Crucificado [de Cristo]. Su silueta oscura se esbozó piadosamente contra el resplandor de la vela … parecía casi imposible para un niño tan pequeño.

Allí estaba él – un joven de diez u once años de edad - dialogando con Dios en el silencio de la noche. ¿Qué palabras hablaría con el Cristo Crucificado durante esas noches de oración?…Era de noche, si tenemos en cuenta, que fue cuando Dios visitó el pueblo de Israel, esclavizado por Egipto, y los liberó de sus ataduras. En medio de la noche el joven Samuel fue llamado por el Señor, respondiendo en su inocencia juvenil, “Aquí estoy” (1 Samuel 3:4). Fue en la densa noche de la muerte en que María Magdalena oyó la voz de Cristo resucitado, llamándola por su nombre (Jn 20:16). Como el salmista canta: “Es bueno dar gracias al Señor … para proclamar su amor por la mañana, su fidelidad en la noche (Sal 92, 2-3). Parece que no sólo Martín pasaba las noches dialogando con Dios; también Dios pasó esas mismas noches hablando con Martín.

A los quince años, Martín se despide de la Sra. García: avanzamos unas manzanas de casas hasta el convento dominico de Nuestra Señora del Santísimo Rosario, y allí perdirá ser aceptado como hermano lego. Le dieron la bienvenida y de inmediato asignado a cuidar a los hermanos enfermos como ayudante de enfermero. Martín estaba bien preparado para la tarea, porque cuando era un niño había sido aprendiz con dos barberos de la época (una especie de curandero o médico rural), tanto en el arte de preparar las hierbas medicinales como en las múltiples facetas de un barbero. En aquellos días, los barberos realizaban casi todo lo que un médico de familia, el dentista, el farmacéutico, una enfermera o un fisioterapeuta harían en la actualidad, y acaso un poco más: cortaban el pelo, sacaban las muelas, trataban las quemaduras tratadas, cosían las heridas, entablillaban fracturas, realizaban cirugías menores y prescribían los medicamentos necesarios.

A pesar de que Martín se encontraba en su nueva tarea de cuidar a los hermanos enfermos en el convento, su trabajo en la enfermería no estuvo exento de desafíos. Un día, Martín fue a visitar al Padre Pedro Montes de Oca, quien acababa de ser informado de que su pierna tendría que ser amputada al día siguiente. Tratando de suavizar un poco las cosas, Martín hizo algún comentario gracioso que enojó al sacerdote. El P. Pedro reaccionó mal, llamando a Martín “perro mulato”. Martín no se sintió ofendido por las palabras de enojo de Pedro. Al día siguiente, Martín regresó con algo bastante extraño: una ensalada de alcaparras para el Padre Pedro. “Bueno, Padre, ¿usted todavía sigue enfadado? Coma esta ensalada de alcaparras que yo le he traído… “el sacerdote quedó en estado de shock, pues durante todo el día había estado deseando una cosa: ¡una ensalada de alcaparras! Atormentado por el dolor y al darse cuenta de su error y consciente de la bondad infinita de Dios, le pidió a Fray Martín que le perdonara su arranque de ira. Martín sonrió, sin ningún rencor por el comentario racista del día anterior. Entonces, poniendo las manos sobre su pierna, el Padre Pedro fue sanado.

Esto es lo que significa cruzar la frontera y entrar – sin violencia – en el mundo de nuestro vecino, que, por desgracia, a veces es nuestro enemigo. Martín, en lugar de devolver mal por mal, optó por el camino sabio, tratando de ganarse a su enemigo con el humor y el amor. Dice San Pablo: “No seas derrotado por lo malo, sino vence el mal con el bien” (Romanos 12:21).

Juicioso Martín, su respuesta de amor nos recuerda una historia en la víspera de Navidad de 1914, durante la Primera Guerra Mundial en el campo de batalla de Flandes, cuando de repente -de la nada- un soldado alemán joven comenzó a cantar “Stille Nacht” (“Noche de Paz): “Algunos compañeros se unieron, y antes de que se diera cuenta, el británico y el francés respondieron con sus propios villancicos. En poco tiempo, los enemigos de ambos lados salieron de sus trincheras, se dieron la mano, intercambiaron regalos y compartieron fotos de sus seres queridos. Y entonces, allí mismo, en medio de la guerra, jugaron un partido de fútbol”. ¿No es esto el amor que nace cuando se escucha a Dios en el silencio de la noche? ¿No fue durante las conversaciones de Martín con Jesús en el silencio de la noche, iluminadas con la tenue luz de una vela, cuando se enteró de propio corazón del bendito amor de Jesús?

Por supuesto, en plena Guerra Mundial, los generales no estarían en absoluto satisfechos con la espontánea expresión de amistad entre las fuerzas enemigas. ¿Cómo demonios se puede ganar una guerra si nuestros soldados muestran al enemigo unas fotos de su familia? No está en el interés nacional hacerse amigo del enemigo! Si Martín de Porres estuviera hoy aquí – tal vez él- nos invitaría a resolver los conflictos mundiales con partidos de fútbol o, mejor aún, con un concurso de creativas ensaladas! ¡Imagínese! Después de ocupar Wall Street, podríamos empezar un nuevo movimiento: “los amantes de la ensalada de alcaparras por la Paz!”

Martín creía que el mundo podía ser curado a través de la compasión. El racismo es un pecado, pero no llegaremos a ninguna parte si se matan a los racistas. Martín, quien fue víctima de racismo, optó por romper el ciclo. ¿Quién va a enseñar a nuestros hijos, hoy en día, para responder al odio con el amor? ¿Cuántos suicidios, cuántos asesinatos de adolescentes tenemos que leer en la prensa antes de aprender a tender la mano y abrazar a nuestros jóvenes, pasar tiempo de calidad con ellos, amarlos incondicionalmente?

Martín no respondió atacando al enemigo. Él escogió el camino más difícil: una victoria con la ensalada de alcaparras! No sólo es contentar al sacerdote con su ensalada favorita, sino que durante el proceso él también sanó su pierna: y su corazón y su alma-. Se necesita más valor para perdonar que para mantener al enemigo obligado por su pecado. Se necesita más coraje para amar que para odiar. Pocos lo han dicho con más claridad que otro Martín, Martin Luther King, Jr. En su predicación en la Iglesia Bautista Dexter Avenue en Montgomery, Alabama, en 1957, el Dr. King dijo:

“Diremos a los enemigos más rencorosos: a vuestra capacidad para infligir el sufrimiento, opondremos la nuestra para soportar el sufrimiento. A vuestra fuerza física responderemos con la fuerza de nuestras almas. Haced lo que queráis y continuaremos amándoos. En conciencia no podemos obedecer vuestras leyes injustas, porque la no-cooperación con el mal es, igual que la cooperación con el bien, una obligación moral. Pero tened la seguridad de que os llevaremos hasta el límite de nuestra capacidad de sufrir. Un día ganaremos la libertad, pero no será solamente para nosotros. Lanzaremos sobre vuestros cuerpos y a vuestras conciencias un grito que os superará y nuestra victoria será una doble victoria”.

Una de mis camisetas favoritas es la que dice: ” Hacer actos de bondad al azar”. ¿Podría ser tan fácil? ¿Nos atrevemos a conquistar el mundo con el amor, y de esta manera, hacer lo que Jesús enseñó a sus discípulos a hacer?

Jesús, la noche antes de morir en la cruz, y a sabiendas de que estaba a punto de ser traicionado, no despertó a sus discípulos para atacar al enemigo. No. Él se reunió alrededor de una mesa con todos ellos, en esa santa noche dedicada a recordar el Éxodo del pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto, y compartieron una cena. Pero no fue sólo una comida. Él entregó -con este acto- su vida entera por ellos y por nosotros-. Todo: el Cuerpo y la Sangre. Él eligió amar a todos, incluso a sus enemigos, en lugar de hacer daño al otro. ¿Nos atrevemos a unirnos a Jesús y a Martín en la construcción de un nuevo mundo, en un gozoso acto de bondad conjunta?

Texto adaptado por devotosdefraymartin.wordpress.com  

Tomado de dominicanvocations.com

Centro Parroquial San Martín de Porres, Parroquia de San Mateo (Cáceres)

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San Martín de Porres (Cáceres)

Imagen de San Martín de Porres en la capilla del centro Parroquial que lleva su mismo nombre. El lugar pertenece a la parroquia de San Mateo (Cáceres, ciudad)

Este Centro Parroquial San Martín de Porres fue inaugurado en el año 2006, en un acto presidido por el obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres. Tiene dedicado su nombre porque el matrimonio que donó el terreno para su construcción era muy devoto del Santo de la escoba, trasladándose la imagen desde la iglesia de San Mateo al Centro Parroquial. Dispone el edificio de amplios espacios para el despacho de la parroquia, Cáritas, el taller de costura, además de salas para catequesis y otros grupos. También cuenta con una capilla en la planta baja y otro salón para mayores. La parroquia celebra la memoria de San Martín todos los años, cada 3 de noviembre, de manera sencilla y humilde -como lo era Fray Martín- con una Eucaristía. Seguidamente, el grupo de la limpieza de la Parroquia suele ofrecer un chocolate con pastas a todas aquellas personas que han participado de la celebración y que desean disfrutar de un rato ameno en comunidad. Sin duda, un lugar de encuentro y de estímulo para los feligreses de la ciudad de Cáceres.

Oración a San Martín de Porres 

Señor Jesús, que has puesto en nuestro camino el ejemplo, la sencillez, la humildad y el servicio de San Martín de Porres.

Queremos intentar seguir sus huellas, porque él siguió las tuyas.

Ayúdanos a:

  • Ser personas que no vayan buscando el aplauso y el figurar en todas partes.
  • Buscar siempre el servicio de los demás, de los que nos caen bien y mal.
  • Procurar que hagamos felices, con nuestro trabajo de cada día a las personas que viven junto a nosotros.
  • A preocuparnos de los pequeños detalles que hacen falta en nuestra familia y que casi siempre se descuidan por ser menos importantes y llamativos.

Todo ello te lo pedimos, a través de San Martín de Porres, Amén.

Oración compuesta por el Padre Paulino Hernández, párroco de San Mateo (Cáceres)

Queremos agradecer al Padre Paulino su amabilidad para con nosotros. Gracias de corazón.

3 de noviembre, San Martín de Porres

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3 de noviembre

“Me he hecho todo para todos”

3 de noviembre

18 de septiembre de 1993, parroquia San Francisco de Asís.
Sacerdote: ¿Qué nombre quiere ponerle a su hijo?
Elsa: ¡Martín David!
Desde pequeño mi padre me decía: “Te llamas Martín en honor a Martín de Porres”, mi madre agregaba, “y David en honor al Rey David”.
Desde niño, se me fue inculcando amor a éste santo negrito, muy poco conocido. No me cansaba de ver su película, aunque la teníamos en blanco y negro. Aun así mucho no sabía de Él, sólo que era dominico peruano.

A medida que fui creciendo fui aprendiendo más de él.
En su infinita bondad, Dios, me concedió la gracia de confesarme, por primera vez, un 3 de noviembre de 2003, y, además, de Confirmar mi fe un 3 de noviembre de 2006.

3 de noviembre, que fecha hermosa, nunca he de olvidarte, nunca he de pasarla igual. Espero tu llegada como espero mi cumpleaños, como espero Navidad, como espero Semana Santa.

3 de Noviembre, que fecha hermosa. Porque fue un 3 de noviembre de 1639, que Fray Martín de Porres, después de una larga vida predicando el Evangelio del amor, la misericordia y la humildad, con el ejemplo de su vida, entra en la Casa Celestial, donde su amado Cristo, le preparó una especial habitación.

Oh fray Martín, a ti fui encomendado desde el día de mi concepción, tú eres mi modelo, mi ejemplo a seguir. Nada te pido en esta vida, que sean bienes temporales, sólo te pido a ti, glorioso Fray Martín, que me ayudes a imitar tus virtudes, que me ayudes a imitar tu humildad, que me ayudes a amar a Dios, con toda mis fuerzas, con toda mi mente, con toda mi alma, con todo mi ser, como tú lo amas; y que ese amor al Dios de la vida, se demuestre en el amor al prójimo, tal como se demostró en tu vida.

Oh amigo mío, tú sabes que lo que más quiero es ser santo, tu sabes que lo que menos merezco es serlo. Por eso acudo a vos, intercede ante Nuestro Señor, para que él, que es omnipotente, me alcance ésta gracia, para que él, que es el amor puro, se glorifique en mi vida, para que más y más hermanos lo amen, como Él se lo merece.

¡Martín, te quiero mucho más que un montón!, se mi guía en éste caminar, no permitas que le suelte la mano a Jesús, ni a María. Si he de desear algo, si he de tener un sueño, que me anima a vivir, has de saber que es que el día de mi partida, si el esfuerzo por practicar las virtudes me lo amerita (merezco), o, mejor aún, si la Divina Misericordia de Dios me lo concede, quisiera yo ser llevado hasta las puertas del Paraíso de manos de mi Santo Ángel de la Guarda, y, junto a Jesús, José y María, ser recibido allí por Ti, y oír a tus santos labios decir: “tu esfuerzo por vivir el Evangelio ha sido gratificado por la Divina Misericordia de Dios, derramada en tu alma, ven hermano a gozar, con migo, de la Gloriosa presencia de Dios”.

21 años han pasado desde el momento que te fui encomendado. 21 años me has cuidado y guiado. Alcánzame, por tu intercesión, junto a la de María, la de san José, la del santo Rey David y la de mi Ángel de la Guarda, el perdón de todas mis ofensas realizadas a la Santísima Trinidad, y la gracias de ser cada día más humilde, ser cada día más santo, para alcanzar la santidad que Dios quiere para mí.
Oh bienaventurado Martín, si en la tierra vivías sólo para Dios y para tu semejantes, hoy que te hayas junto al trono de la bondad y la misericordia, puedes disponer mejor de sus tesoros.
Si aquí conocías dónde estaba la necesidad para remediarla, mucho mejor la ves, ahora, desde el cielo, donde moras.
Mira pues, Martín bondadoso, la súplica de los que a Ti acudimos, con la segura confianza de ser oídos, no defraudes la esperanza de los que deseamos verte ensalzado en la tierra, como Dios te ensalzó, llevándote a su Gloria. Amén.

San Martín de Porres, ruega por nosotros.
San Martín de Porres, ruega por nosotros.
San Martín de Porres, ruega por nosotros.

Martín David Sillero Rodríguez. Albardón, provincia de San Juan (Argentina). 3 de noviembre de 2014.

Nuestro más sincero agradecimiento a Martín David por compartir – con este hermoso texto – el testimonio de su vida, su relación con Martín y su esperanza ante la muerte. Gracias por tu amabilidad.

San Martín de Porres, siempre presente en nuestros corazones: Testimonios de fe

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Devoción a San Martín

¡Fray Martín, intercede por todos nosotros!

Testimonios de personas que con absoluta confianza y con especial cariño han dedicado algunos de sus mejores pensamientos a Fray Martín. Es precisamente ese sentimiento de aprecio hacia los buenos amigos -como también lo es nuestro santo mulato- el que nos abre los corazones y nos reconforta hacia una vida de amor a Dios y al prójimo.

¡Llámame!, San Martín

A ti Martín recurro cada día
buscando tu ayuda y tu consuelo,
no alargues más está lenta agonía
y llévame contigo al cielo.

Ya se que es pronto todavía
pero…es esto lo que anhelo.
Tú eres mi único guía;
al resto lo cubro con un velo.

Si un día llamas dulcemente
a este corazón que sigue triste
y me respuesta tarda y se resiste,
abrázame con fuerza y cariño
y con tu cara obscura de santo niño,
mírame y dime con amor…¡vente!

Autor: Alfonso F. C. (Palencia)

≈ ≈ ≈

A San Martín de Porres

Mis pasos retumban en la silente nave…
es grande la Iglesia, las bóvedas altas
y voy avanzando por donde Tú fuiste;
tal vez me arrodille donde Tú lo hiciste
hace tantos siglos…Y te siento cerca.
San Martín de Porres, bendito moreno,
tu humildad me llama y quiero seguirte.

Te siento mi hermano y quiero invitarte,
en mi pensamiento doy un salto atrás y
estoy en tu siglo, la Lima de entonces…
distinta a la de hoy, a Ti van los pobres
pidiéndote auxilio y te veo amable…
curando al enfermo, y, es tu sonrisa
un bálsamo santo que cura la herida.
da pan al hambriento, y es tu caridad
grande como el Cielo, porque es Jesús mismo
quien guía tus pasos…
y está contigo.

San Martín de Porres, moreno bendito
mira a tu Perú, que en número somos
mucho más que ayer…Somos tanta gente…
los niños, los grandes,
los sanos y enfermos, los buenos…
los malos que no ven valores
y como en tu siglo, hay pobres también
cuyo sufrimiento bien lo sabes Tú…
y piden al Cielo por tu intercesión…
No retires nunca tu mirada santa
y alivia a este pueblo que confía en Ti.

Autora: Magda Cornejo de Bustamante

≈ ≈ ≈

Fray Escoba

Te lloro a tantos años de tu muerte,
mi mulato hermoso mi santo bello.
De vez en ves Dios nos da la suerte
de ver un santo sobre nuestros suelos…

De tez morena más de pasos albos,
barriendo con tu escoba los pecados,
a ti que te vendieras cual esclavo
a todo aquel que tuvo la gracia al verte…

A pesar de estos hombres perfectos
nuestra capacidad se niega
semilla cayendo en un páramo seco.

Nos negamos a creer en esa
santidad de luz y de promesa,
esa que nos dejaron con su ejemplo…

Autor: Florencio López Ríos

≈ ≈ ≈

Devoción a Fray Martín de Porres

Señor, mi corazón agoniza entre tantas riquezas.

Apenas mis oídos escuchan el susurro del agua que transparente emana.

Los días pasan. Mis manos siguen vacías. Y pienso…y, siento que me muero por dentro.

La boca que Dios me ha dado no pronuncia sus palabras. Yerma, mi vida pasa sin que me acerque a una iglesia.

¡Dios mío, tú que pusiste los ojos en un fraile bendito que recogía la inmundicia con una escoba gastada!. Tú, que amparaste a tu siervo y regando su huerto ofreciste esperanzas…Tú que en Martín, tu hijo, recordaste al mundo que nada hay más sublime que unas ropas ajadas en trabajos humildes. Tú, mi Señor, que tomaste a ese fraile y le diste por corona una escoba y por cruz una escalera. ¡Dame a mí aquello que me falta! Dame mundo que no me importe; materia que no abrase mi alma. Que renuncie mi corazón al egoísmo, mis manos a la templanza de una vida tibia que no ayuda a nadie y que encierra a mi alma en el sepulcro de la muerte.

Señor, te ruego por intercesión de Fray Martín de Porres que me alcances la necesidad que te presento en este día…

Padre Nuestro que estás en los cielos.

Autora: Isabel Conde Ramírez

≈ ≈ ≈

Martincito, santo de amor al prójimo

Pero esta es mi fe, es la fe que confirmé en la confirmación a los 25 años. Yo vivo feliz siendo católica. Sin embargo, las experiencias espirituales que he vivido en estos dos años me llevan a afirmar con convicción que todas las religiones conducen a Dios, porque Dios vive en nuestro corazón; sólo él puede juzgarnos, si queremos llamarlo de alguna manera. Yo vivo feliz desde que sé que Dios está más cerca de mis pies, de mis manos, de mis ojos… De mi corazón, sólo basta cerrar los ojos, poner mi mano en el corazón y sentir mis latidos, allí vive Dios. Hoy fue con un pedido especial para San Martín de Porres, un pedido y una promesa. Martín sabe que mi corazón busca una respuesta, y sabe que Dios siempre quiere lo mejor para mí. Por eso le pedí el favor a Martín para que sea lo mejor para mí. Amo estar cada tercer domingo de noviembre cerca de esas calles, de esa portería que camino mi amigo Martín llevando curación, consuelo, compasión en una Lima llena de frustraciones, marginaciones y desigualdad. Hoy renuevo mi fe en un santo que supo ser hermano solidario desde su humilde condición de clérigo dominico. Y sé que Dios le ha dado la gracia de seguir ayudando a sus hermanos después de su partida física de la tierra.

Autora: V.C.Y.

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El guardián de los bocadillos de Dios

Celebramos a un Santo que no fue sacerdote, ni fundador, ni padre de muchos hijos, ni hombre de riquezas materiales…con grandeza de espíritu lo abandono todo por Dios (locura esta para los ojos de nuestro mundo, por cierto). Celebramos, recordamos, a un hombre que simplemente fue “El Guardián de los bocadillos de Dios”, un hombre que fue por encima de todo hermano de sus hermanos y del que no quería serlo también…San Martín es el guardián de los bocadillos de Dios, de los dones de Dios. Dios llenó su corazón de compasión, por eso sabía ver la necesidad; de generosidad, por eso su cesta siempre estaba llena; de paz, alegría, fortaleza y esperanza, por eso podía curar a los enfermos; de sabiduría sabiendo así dar a cada hombre su lugar, según Dios; de ciencia y de consejo, guiando a los hombres por el camino del bien; de piedad, haciendo de Jesús su Amigo, su Amor, su Principio y Fundamento.

Es verdad que no todos hemos recibido esta sobreabundancia (o tal vez sí) pero todos estamos llamados en los más íntimo de nuestro ser a ser amigos de Dios y esperanza para los hombres o lo que es lo mismo “el Guardián de los bocadillos de Dios”. Dios llega a los hermanos a través nuestro y es algo que nos debe de servir de acicate, de fortaleza y de ilusión para seguir adelante en el camino de la fe y en el camino de la Caridad.

Autora: Pilar Aparicio

San Martín de Porres, un donado revestido de piedad

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Un donado revestido de piedad

A mí me parece San Martín de Porres como un carisma luminoso que se extiende a lo largo de los siglos, que sigue vivo. Martín fue de Jesucristo, de Jesucristo hombre; vivió desde los pobres y desde los menesterosos la humanidad de Jesucristo. La humanidad de Jesucristo se puede y se debe vivir en la realidad de los más pequeños y de los más pobres, donde Dios se hace presente.

Cada uno tiene su entrada en la pobreza de los demás, cómo puede y desde donde puede, pero de una forma o de otra Martín me ha tirado mucho y me ha impresionado mucho por su contacto con el Cristo doliente en los pobres. ..

Qué finura del alma, que don del espíritu, que ecología, que don de piedad que consiste en tener cariño por las cosas creadas, por toda creación. San Martín de Porres se metió en lo profundo de la pobreza humana, y nosotros desde otras coordenadas completamente distintas pero quizá en la línea de lo que el Señor nos quiera ir dando a lo largo de los años, en este momento en la línea del testimonio, en la línea de la palabra, tengamos el mismo alma de San Martín para procurar hacer el bien que podamos a todas las personas, que de una forma u otra de otra, necesiten nuestro alimento como lo hizo San Martín de Porres en aquellos tiempos”.

Chus Villarroel, O.P.

Click aquí para escuchar la interesante enseñanza del Padre Chus Villarroel, O.P.

Página recomendada: frayescoba.info

Jesús Villarroel (Chus) nació en Tejerina, León, en 1935. Ingresó en el noviciado de los Dominicos de Ocaña. La Filosofía la estudió en Ávila y la Teología en Alemania y Suiza. Terminó su formación con el Doctorado de Filosofía en Roma. Se ha dedicado largos años al profesorado en la facultad de los Dominicos de Alcobendas, y algunos cursos en la Pontificia de Salamanca. Ha ejercido varias veces el cargo de Prior y el de Maestro de Estudiantes. En la Renovación carismática ha trabajado con intensidad desde hace 18 años, sobre todo en la predicación y retiros; y durante 8 años en la Coordinadora nacional. Se ha ocupado, igualmente, de otras labores pastorales en la parroquia periférica de Jesús obrero, en San Blas, durante 3 años. Hasta hace muy poco fue párroco en la parroquia de Ntrª. Sra. del Rosario, de la calle Conde de Peñalver, Madrid, desde el año 1987. Hoy es Superior de la Casa de Móstoles.

Oración de San Martín de Porres – Rosario de los pobres

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El pasado día 3 de noviembre los hermanos y hermanas de la Fraternidad Laical de Sto. Domingo «Dulce Nombre de Jesús» celebraron la fiesta de nuestro hermano dominico San Martín de Porres, en la iglesia conventual de la Purísima Concepción de las MM. Dominicas de Jaén.

En esta ocasión, se meditó los misterios del Rosario con algunas reflexiones sobre el perfil espiritual de S. Martín, con vídeos musicales y rezos. Tras esta oración siguieron compartiendo la tarde, junto a las personas que nos acompañaban en la iglesia, con la celebración de la eucaristía presidida por el Rvd. P. Fr. Vicente Cudeiro, OP.

Nuestro amigo Martín

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SMP Bormujos 1

Monasterio Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

Nuestro Amigo Martín:

Un bonito día que termina, un bonito día para sentir la presencia de nuestro hermano San Martín. Un pequeño, Gran Santo, San Martín de Porres, que quizá con tan solo pensar en él, o mirar cualquier imagen de él, pueda despertar en nosotros un sentimiento de ternura, de alegría, de inocencia, y un deseo de ser tan sencillos como lo era él.

Todos conocemos a Fray Martín. Un hombre sencillo, lleno de ternura. Él siempre sonreía a todos, daba igual quien fuese, como fuese, Martín sonreía, una sonrisa tierna, llena de inocencia. Es con esa misma inocencia con la que trataba a los animales. Les hablaba con una gran ternura que sobrecogía, así como cuidaba de los enfermos, o incluso como sonreía aun cuando le insultaban, llamándole “perro mulato”. Esa inocencia que ojala hoy tuviésemos mas, pero, en este mundo que nos toca vivir hoy ¿seríamos capaces de sonreír a quien nos dice algo que no nos guste, a un insulto, una mala palabra?…

¡Quién pudiera ser un poquito como él! Gran predicador, con su vida y con su palabra.  Amante de la Eucaristía, pues como Cristo se partía y repartía a todos, dándose por entero, a los más débiles, a los pobres, a los que nadie quería, a los enfermos, a todos por igual. Hombre de oración, en cada momento, a todas horas, durante toda la noche.

SMP Bormujos

Lo que se da generosamente se multiplica

Martín, alegre, amigo fiel, que se entregaba, que sabia escuchar, que amaba. Y de su cesta, ¿cuántas cosas sacaba?. Todo, para darlo todo, y de esa cesta en su corazón repleta de vida, de amor, de ternura, nos lo daba todo, nos lo sigue dando, y sigue llenando muchos corazones, que confían.

Esa su sonrisa inocente, como la de un niño, que nos regalaba, era una sonrisa de vida, salida de sus labios, de sus ojos, de su corazón. Un gesto que nos llena de paz, que nos invita a ser sencillos, humildes, a predicar con nuestra vida, a ser Palabra vivida y predicada. Latir con su corazón para sentir su ternura hacia los más necesitados. Pureza de corazón, sensible y humilde, nunca queriendo ser más que nadie, si no estar siempre al servicio de los demás. Gracias hermano Martín por tu vida entregada con amor a Dios a quien tú tanto amabas. Enseñamos a vivir en esa humildad, siendo sencillos, y pobres.

Gracias por ayudarnos a pensar en Dios, por hacernos verle en los demás, por tu invitación constante a ser sinceros, y generosos, y valientes para darnos cada día.

Y gracias por enseñarnos que el Amor dado sin medida, con sencillez, es el Más Grande regalo.

Sor Pilar Aparicio, O.P. (Comunidad de MM. Dominicas. Monasterio de Bormujos, Sevilla)

Festividad de San Martín de Porres: Fray Martín y las virtudes teologales

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San Martín de Porres y la fe

Una hermosa llamada a la Fe en Dios. 

Fray Martín de Porres compartió los dones que recibió con aquellos a quienes servía: curar a los enfermos, cuidar con amor a los pobres, hacer actos de caridad y hacer el bien -sin mirar a quién, sin esperar nada a cambio-. Unía armónicamente fe con caridad, caridad con esperanza, y éstas tres a la vez, mostrándonos el rostro misericordioso de Cristo. Vivió la vida de Jesús en su propia existencia; una vida íntima con Cristo en Dios. Como hemos visto, su testimonio es una maravillosa vida de santidad, espiritualidad y fe. De tal forma que su ejemplo nos deja en silencio en medio de tantas preguntas que nos hacemos.

La fe, la esperanza y la caridad son virtudes infundidas en el Bautismo pero que se desarrollan practicándolas. Así lo hizo San Martín de Porres:

La fe es la primera de las virtudes teologales. Fray Martín siempre estuvo firme en la fe;  la que le enseñó a triunfar. Iba más allá de la mera aceptación de sus sentimientos; pues, en este caso, creía firmemente en Jesús, Hijo de Dios (Era tan firme la fe de fray Martín, que suspiraba pidiendo a Dios la gracia de morir por defenderla). Y cómo buen buscador de Dios sabía que lo encontraría en la oración y en la penitencia, sostenida y empujada por la fe; entregado enteramente a Dios, ofreciéndole el regalo cierto de su conocimiento y todo su ser:  su fe al servicio de la voluntad del Señor es la fe en el Reino de Dios.

Fray Martín tiene en su alma una excelsa virtud, es amigo de Dios (Todo lo puede Dios; es de FE: luego los amigos de Dios, lo pueden todo). Por eso Fray Martín lo puede todo.

Fray Martín y la esperanza

La confianza es para el presente, la esperanza siempre para el futuro

La esperanza. Fray Martín siempre tuvo la esperanza de alcanzar -por y con amor- la vida eterna mediante la misericordia de Dios. La espera con firmeza y optimismo (un ya, pero todavía no). Pero esta esperanza no sólo la quería para él, la deseaba para los demás: no se cansa de repartir bocanadas de esperanza por medio de la solidaridad y del amor porque reconoce que todo lo bueno es un regalo y una bendición del Señor. Y la esperanza, estrechamente unida a la misericordia del Señor, lo lleva a la espiritualidad como ejercicio mismo de todas las virtudes. Por eso también nuestro amigo Martín llevaba el consuelo y pedía con confianza por los pobres y más necesitados, por los que no tenían nada; también, siempre pensando en ellos, por los enfermos, para que la curación de los que no tienen salud llegara pronto: con medicinas claro está, pero también con diálogo, con cariño, con la Eucaristía y con el sacramento de la Unción que hace que el mismo Cristo se acerque al enfermo. Es la esperanza en el Reino del Cielo: la misma que, a buen seguro, el bueno de Martín pide y vela para cada uno de nosotros, la misma que mitiga nuestras penas y sufrimientos.

San Martín de Porres y la caridad

Fray Martín llevaba sobre su piel el signo de la humildad social pero su rostro irradia la luz de la caridad, eternamente universal y suprema. Siempre destacó su generosidad y entrega en favor de todos los hombres, especialmente con los más necesitados: Fray Martín de Porres, caricia de los oprimidos, oleo ancestral de los innombrados y no atendidos. 

La caridad, fue la virtud en la que sobresalió, ya de hecho Juan XXIII lo denominó “Martín de la Caridad”. Pero la caridad de Fray Martín era una caridad de fraternidad, de verdadero hermano, solidaria y horizontal. Y sobre todo Universal, pues para él no existían prejuicios ni estatus. Fray Martín participaba de las alegrías y de los sufrimientos de quienes lo rodean. Y lo hacía porque era un hombre rico en misericordia bendita; la misma misericordia de Dios presente en todos nosotros, en todos los hombres, en cada uno de nuestros corazones. De la misma manera Martín nos enriquece con su caridad, porque nos hace abrir nuestro corazón a un Dios misericordioso y compasivo que acompaña al necesitado. Es la gracia de Dios que se aviva dentro de nosotros con cada obra de caridad que realizamos: es la caridad en el Reino del Amor.

Es la caridad reina coronada en la monarquía de las virtudes; si esta falta, todas quedan sin gobierno, y aún sin vida. Nada aprovechan para el mérito de la vida eterna las limosnas, las mortificaciones, los trabajos, etc. Si la caridad falta en un alma, como largamente enseña el Apóstol San Pablo. Esta virtud excelentísima mira directamente a Dios, a quien ama por su Bondad infinita. También mira a los próximos, a quienes ama por amor del mismo Dios: comienza en Dios, y por Dios; y acaba en Dios, y por Dios. Según ambos respetos, que la caridad tiene, fue heroica la que ardía en el corazón de este grande Siervo de Dios (Fray Martín de Porres); de modo, que más humana criatura, parecía Serafín abrasado en las llamas del amor.

A todo esto debemos añadir las virtudes cardinales y las virtudes capitales. Y las humanas, las propias de su esfuerzo. Fray Martín ejercía las virtudes más agradables y honrosas, destinadas al honor y gloria del Señor, tales como la humildad y la ternura, la obediencia, el sacrificio y la pobreza voluntaria, la paz y la verdad. Por todo ello tiene ya un monumento en cada uno de nuestros corazones:

Ejemplo fiel a seguir

regocijo grande es mi sentir

cuando rezo a Fray Martín:

San Martín de Porres, piadoso hermano mío,

sembrador de caridad, esperanza y fe

ayúdame a hacer el bien.

Martín bondadoso,

consuélame en mis desdichas,

y hazle llegar a la Virgen y al Señor

mi ánimo y oración. Así sea.

≈ ≈ ≈

San Martín de Porres

¡Oh Dios, que tan gloriosamente levantas a los abatidos y humildes, y tan generosamente premias el sufrimiento y la caridad!. Miradnos postrados ante vos y glorificad a vuestro humilde siervo San Martín de Porres, atendiéndonos en nuestras súplicas. Y tú, hermano nuestro benditísimo, que ya te ves glorificado ante el trono del Señor, ruégale por nosotros, tanto más dignos de compasión cuanto más necesitados. Consíguenos las gracias que te pedimos, y que un día logremos la gloria del cielo, donde vives bendiciendo a Dios en compañía de los Ángeles y Santos por toda la eternidad. Amén.

En el recuerdo de la belleza de un gran santo y del que es nuestro amigo, ¡Feliz día de San Martín de Porres a todos!. 

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Festividad de San Martín de Porres: Un santo icono para la humanidad (2013)

por devotosdefraymartin.wordpress.com

Los Dominicos nos han enseñado a orar por los difuntos

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los dominicos enseñana a orar por los difuntos

Suba nuestra oración a tu presencia, Señor, y que la alegría eterna acoja a nuestro hermano. Tú, que lo creaste a tu imagen y lo hiciste tu hijo de adopción por el bautismo, concédele ahora entrar en posesión de la herencia prometida

Aunque habíamos tenido noticia de que en el Cementerio se iba a rezar de modo público el Rosario durante los días primero y segundo de este mes – referido a noviembre- , no pudimos darnos cuenta de su especial interés hasta cuando fuimos el día de Todos los Santos por la tarde.

No deja de tener siempre, la habitual visita al Cementerio en estos días, algo de romería, aunque sea de índole religiosa. Y fácilmente dejamos lo principal por aquello que arrastra la vista, al ir viendo los panteones; o nos distraemos aun delante de la sepultura de nuestra familia, conversando de cosas banales.

Por eso creemos, recogiendo el ambiente de muchos, de que los Padres Dominicos han podido llamarnos la atención, este año, a reflexionar algo sobre el sentido de esta romería funeraria, y sobre todo a ayudarnos a hacer algo de provecho por las almas de nuestros parientes difuntos.

Las campanas sonoras, de toque de ánimas, hacían callar a los grupos de familias y amigos que entraban en el Cementerio, y, tras pequeñas y acertadas introducciones a cada Rosario y a cada decena de Avemarías, nos han enseñado a orar en silencio y con fervor por aquellos que sólo esperan algún sufragio, más que luces, paños negros o vistosas flores.

Podemos afirmar que, este año, hemos vuelto a casa satisfechos de haber ayudado algo a los difuntos, con un Rosario rezado ante la sepultura, o andando por los caminos del Campo Santo, ya que al atardecer el sol no calentaba como para detenerse mucho tiempo sin un buen abrigo.

La instalación de altavoces, por la que se ha hecho posible esta primera experiencia de oración por los muertos, hacía llegar la voz de los Padres Dominicos hasta todos los rincones del Campo Santo, produciendo un ambiente de recogimiento en toda la masa de gentes que llenaban los caminos.

Y antes de ser, en esta ocasión, un medio de “armar jarana” o de enardecer los ánimos, como en las competiciones deportivas, han servido los altoparlantes para producir el silencio, respeto al lugar, e insinuar, a quien quisiera, a seguir el rezo del Rosario, que es lo que mejor va para quienes cristianamente visitan a sus muertos.

Merecen, pues, los Padres Dominicos el agradecimiento público, por su hermosa iniciativa, aprobada por nuestro Excmo. Ayuntamiento -en referencia al de Pamplona-, y esperamos que otros años renueven la misma práctica de caridad por nuestros muertos.

“Hoja del Lunes de Pamplona”, 3 de noviembre de 1958. Comunidad de Misioneros de Dominicos de Villaba.

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Convento de San Esteban - Salamanca

¡Oh dichoso San Martín, que viste coronados tus trabajos, tus mortificaciones, tu caridad y tu amor a Dios con una muerte feliz!, ¡ten compasión de nosotros!. Todos te lloran. Los necesitados y enfermos creen perder un padre compasivo y el remedio de sus males, y dan rienda a su dolor llorando tu muerte; pero luego ven que tú no los abandonas; te llaman y tú sigues socorriéndolos y aliviando sus males. El estar más cerca del Señor, glorioso San Martín, ha aumentado tu poder. Oye, pues, también nuestras humildes súplicas, pidiendo al Señor por nosotros para que atienda nuestros ruegos. Y que nuestra muerte sea la de los justos por tu intercesión y los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Triduo en honor a San Martín de Porres

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Triduo en honor a San Martín de Porres

“Los santos habiendo llegado a la patria celestial y estando en presencia del Señor, no cesan de interceder por El, con El y en El a favor nuestro ante el Padre, ofreciéndole los méritos que en la tierra consiguieron por el Mediador único entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, como fruto de haber servido al Señor en todas las cosas y de haber completado en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. Su fraterna solicitud contribuye, pues, mucho a remediar nuestra debilidad”

Lumen Gentium, 49

Con este Triduo celebramos durante tres jornadas la festividad de San Martín de Porres. Consiste en una meditación breve introduciendo algunas oraciones o plegarias básicas para solemnizar tan señalada fecha. Es aconsejable rezar los tres días a la misma hora y ser constante en terminarla, con actitud alegre y de esperanza. También es ideal durante su realización recibir los Santos Sacramentos de la Confesión y Comunión, pues así los ruegos al Señor y las alabanzas a Fray Martín salen de nosotros limpios en cuerpo y alma.

TRIDUO EN HONOR A SAN MARTÍN DE PORRES

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